martes, 25 de junio de 2013

Suponiendo

…supongo que la zozobra te ha colmado y que este aliento espurio se ha disfrazado de un suspiro y que ya no tiene recato contigo, que se te ha desbordado el corazón y se te han descocido los sentimientos, pienso que el tiempo ha desvariado y que el grito sabe mas a susurro, y la ausencia a tumulto, y el apego a añoranza, supongo que a veces sueñas conmigo y en los sueños te creas tu misma y te espantas de ser Dios y me llamas, y tu alma se enfría bajo la luz de los recuerdos perdidos, abrumados por la penumbra de las noches en pena, insomnio de amor a medio latido, a medio ser distraído, vago destino del desasosiego, misterio de lo efímero a la hora de rendirte cuentas, desasne del corazón para seguir vivo, para diluir de tu sangre mis vestigios, desbaste del alma para labrarme y ceñir con mentiras tus caminos…


El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar. -Adiós -le dijo a la flor. Esta no respondió. -Adiós -repitió el principito. La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada. -He sido una tonta -le dijo al fin la flor-. Perdóname. Procura ser feliz. Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el fanal en el aire, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre. -Sí, yo te quiero -le dijo la flor-, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero. -Pero el viento... -No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor. -Y los animales... -Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras. Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió: -Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez. La flor no quería que la viese llorar : era tan orgullosa...



El principito Antoine de Saint-Exupéry

lunes, 24 de junio de 2013

Fragmentos de olvido

...¿Que habrá ahí en donde ya no estamos? ¿Se escucharan nuestras voces? ¿Vagaremos de un cuarto a otro como fantasmas buscando el amor perdido? Perdido eternamente.

A veces me viene a visitar un recuerdo, se postra en mi ventana como esas aves nocturnas, de mala fama, y me mira fijamente, como buscándote en mi alma, que se ha vuelto tan profunda a causa de ti.

Amanecí pensando otra vez en ti, so pena de cualquier remordimiento, bajo riesgo de quedarme varado en la memoria, de perderme en el abismo al que te exilié. 

Tal vez un día la luna sea tan pesada que caerá sobre nosotros. Tantos recuerdos, tantos suspiros, tantas promesas bajo su brillo, por mas que lo pienso no debe ser una carga fácil de llevar. 

Veía la gente venir de un lugar a otro, tan acostumbrados a eso que me puse a llorar, llore por varios días, hasta que me di cuenta que el llanto también me recordaba a ti, el olvido ya no podía ser un pretexto.

Descubrí que en la cabeza hay un lugar para guardar recuerdos y otro para guardar pensamientos, a tiempo me di cuenta que un pensamiento guardado, es un recuerdo.

Camine por la vida, ya sin ti y me sentí tan ligero como una pluma, el problema es que cualquier viento me hacia capas de volar hasta ti...



Estaba sentada en el borde de la bañera y no podía dejar de mirar la corneja moribunda. Veía en su absoluto desamparo la imagen de su propio sino. Se dijo varias veces: no tengo en el mundo a nadie más que a Tomás. ¿Había llegado a la conclusión, tras el episodio con el ingeniero, de que las aventuras no tienen nada que ver con el amor? ¿De que son leves y no pesan nada? ¿Ya está más tranquila? En absoluto. Vuelve a su mente la siguiente escena: Salió del retrere y su cuerpo estaba en la antesala desnudo y rechazado. El alma temblaba, asustada, en algún lugar en la profundidad de las entrañas. Si en aquel momento el hombre que estaba en la habitación le hubiera hablado a su alma, se hubiera echado a llorar, hubiera caído en sus brazos. Se imaginó que en su lugar hubiese estado en la antesala junto al retrete alguna de las amantes de Tomás y que en lugar del ingeniero hubiee estado dentro Tomás. Le habría dicho a la chica una sola palabra y ella lo hubiera abrazado llorando. Teresa sabe que así es el momento en que nace el amor: la mujer no puede resistirse a la voz que llama a su alma asustada; el hombre no puede resistirse a la mujer cuya alma es sensible a su voz. Tomás no está protegido ante los peligros del amor y Teresa ha de temer por él cada hora y a cada minuto. ¿Cuál es su arma? Unicamente su fidelidad. Se la ofreció desde el comienzo, desde el primer día, como si supiera que no tenía otra cosa que darle. El amor que hay entre ellos es de una arquitectura extrañamente asimétrica: descansa sobre la seguridad absoluta de su fidelidad como un palacio mastodóntico sobre una sola columna. La corneja ya no movía las alas, sólo aveces le temblaba la patita herida, quebrada. Teresa no quería separarse de ella, como si velase junto al lecho de una hermana suya moribunda. Al fin fue a la cocina a almorzar rápidamente algo. Cuando volvió la corneja había muerto.

La insoportable levedad del ser 
Milan Kundera

miércoles, 5 de junio de 2013

Pasaje de lluvia

...trémulo el silencio se va derramando sobre mi piel vacía, moribunda en el lecho de la ignominia, desgaste de pudor y de lágrimas, frio semblante del desasosiego, las gotas se desvanecen bajo la luz silente de un recuerdo, testigo impávido de este desplome de llanto, lugar donde ya no crece nada.

A lo lejos se supone un rayo de sol o varios, pero estas nubes parecen tan eternas, tajantemente se han adueñado de mi cielo. Eco tierno y aterrador de las gotas que no han llegado al suelo, que han elegido incrustarse en la parte física de mi alma.

Mi semblante etéreo, sumiso ante el poder del ir y no venir de la lluvia. El tiempo se desviste frente a mis ojos, el pasado tiene muchas formas, pero ninguna se parece a mí, sus voces gritan como si me conocieran, cuanto servirían unas manos en esta humedad, pero el anhelo de un abrazo encrudece mi alma. Presiento nuevos albores en la lejanía de estas horas casi eternas, pero presentir a veces duele es como tener fe cuando la tenia…


En cada gota de lluvia mi vida errada llora en la naturaleza. Hay algo de mi desasosiego en ese gota a gota, en ese llover y llover con que la tristeza del día se descompone inútilmente sobre la tierra. Llueve tanto, tanto. Mi alma se empapa de oírlo. Tanto... Mi carne es líquida y acuosa entorno a mi sensación de ella. Un frío desasosegado abraza con manos gélidas mi pobre corazón. 
 Las horas cenicientas y (...) se prolongan, se aplanan con el tiempo; los momentos se suceden. ¡Cómo llueve! 


Los canalones vomitan torrentes mínimos de aguas siempre súbitas. Baja por mí saber que hay en las alcantarillas un ruido perturbador de bajada de agua. Golpea contra la ventana, indolente, gemidoramente la lluvia; en la (...) Una mano fría me aprieta la garganta y no me deja respirar la vida. ¡Todo muere en mí, incluso el saber que puedo soñar! De ninguna manera física estoy bien. Todas las blanduras en que me reclino tienen aristas para mi alma. Todas las miradas hacia donde miro están tan oscuras de tanto ser golpeadas por esta luz empobrecida del día. Que parecen dejarse morir sin dolor.



El libro del desasosiego 

Fernando Pessoa

martes, 4 de junio de 2013

Se van

…tengo una cadena de mares ahogados en melancolía, sol de nostalgias entre mis parpados, nudo de insomnio en mi garganta, retablo de oleos en blanco y negro detrás de mi fe, suspiro de hielo en el corazón, las personas se van, hablo de que realmente se van, un día la vida les abandona, y nos abandonan, algún día también nos abandonaremos y abandonaremos, el pregón de la muerte empezara en nuestro fin, con la soledad absoluta, en el reino de promesas, viviremos, si es que se puede vivir en la muerte bajo una letanía de superfluos, cielo sin nubes y en donde ya no estas, te iras, dejaras la vida, los colores, las tierras mundanas, te fundirás con el silencio, te arroparas entre recuerdos que lucharan por sobrevivir y nos iremos y viajaremos hacia lugares desconocidos, difuminados con el viento y la memoria, seremos historia, esa historia que sin duda sabrá todo de ti, te inventara en un poema de cuatro estaciones, migraras hacia lo eterno, y eternamente con nosotros estaras...


“Se hallaba a sí mismo más abandonado de día en día, más solitario y más desagradable. Acostumbraba a sentarse al sol, en el jardincillo o a tenderse en el bosque, debajo de los árboles, donde permanecía largas horas abstraído en sus pensamientos o sumergido en sus ensueños. La lectura no le ayudaba a pasar el tiempo, porque a las pocas páginas le dolían la cabeza y los ojos, y porque en todos sus libros le parecía ver fantasmas de los tiempos pasados…”

Bajo las ruedas
Hermann Hesse

Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros.

Mañana en la batalla piensa en mí
Javier Marías.

martes, 28 de mayo de 2013

De acuerdo a la luz

...de acuerdo a la luz, es momento de volver a la orilla, encandilado del hastío de las horas que resucitan en medio de las almas donde ya no sube la marea y ni se entera, ceguera detrás de estos ojos rellenos de tiempo, minutos mutilados y miradas segunderas, relojes en huelga de sangre, pasillos del corazón donde ya no pasa nadie, y nadie tiene nombre, así que mas vale que sobre, y sobre el herrumbre de las cenizas de quien fui ahora que soy me sostengo, tengo un esqueleto de recuerdos con amnesia, paciencia que esta luz no sabe de colores, hay amores sin cabeza, la proeza es el camino, sin destino no hay sentencia, lucidez de la conciencia que anda a ciegas por el mundo y así será cuando fuera, estoy afuera de mi adentro, no hagas caso a lo que digo, pero créeme que no miento a la hora de decirte lo que siento, fin del camino que sin fin caminaría contigo...



Cosas invisibles, enraizadas en el
frío, creciendo
hacia esta luz
disipada
en todo lo que alumbra. Nada
tiene fin. La hora regresa
al comienzo de la hora
en que respiramos: como si
nada fueran. Como si yo
no pudiera ver
nada
que no es lo que es.

En el límite del verano
y su calidez: cielo azul, colina púrpura.
La distancia
que sobrevive.
Una casa hecha de aire, y el flujo
del aire en el aire.

Como estas piedras
que se deshacen sobre la tierra.
Como el sonido de mi voz
en tu boca.

Autobiografía del ojo
Paul Auster

jueves, 23 de mayo de 2013

Mientras te olvido

…no es que hable de mí, es mas ni siquiera quiero hablar de ti, ni de los dulces recaudos que el amor infiere, ni de la triste zozobra del olvido, es mas no hablo de lo vivido, ni de los vagos recuerdos que me acontecen, ni siquiera del tiempo en que compartimos un poco de tiempo, ni de las laudes sazonadas con sudor y éxtasis, ni de la catarsis de dos miradas que se encuentran al amanecer, ni de los vestigios de ojos, ni de las reliquias de la memoria que ni para que recordar, mas bien quisiera hablar no de pretérito, si no del sublime presente que hoy representa la marca de cada uno de mis pasos que ya no pisan tu sombra, ni se embraman con tus recuerdos, ni siquiera con tu sonrisa, pero sin embargo las luces se apagan cada noche, los sueños desfilan por los cielos nocturnos, las estrellas parpadean al ritmo de un universo fortuito, y el tiempo cobra nuevas víctimas, tu caminas por otros lares, te acongojas con lunas de quien sabe que colores y es mas hasta casi estoy seguro que has llorado en su nombre, pero no es mi intención ponerte nombre, ni si quiera se si existes, o si exististe o estas por existir, el futuro es una gran mentira, a veces pienso que todo lo es mientras te olvido...


Pero el Amor no trafica en un mercado, ni usa balanza de mercachifle. Su dicha, como la dicha del intelecto, es sentirse vivo. El objetivo del Amor es amar: ni más ni menos. Tú eras mi enemigo: un enemigo como no ha tenido ningún hombre. Yo te había dado mi vida, y para satisfacer las más bajas y despreciables de todas las pasiones humanas, el Odio, la Vanidad y la Codicia, tú la habías tirado. En menos de tres años me habías arruinado completamente desde todos los puntos de vista. Por mi propio bien lo único que podía hacer era amarte. Sabía que, si me permitía odiarte, en el seco desierto de la existencia que tenía que cruzar, y que aún estoy cruzando, no habría peña que no perdiera su sombra, ni palmera que no se secara, ni pozo o agua que no viniera envenenada. ¿Empiezas ahora a comprender un poco? ¿Va despertando tu imaginación del prolongado letargo en que ha estado sumida? Sabes ya lo que es el Odio. ¿Empiezas a barruntar lo que es el Amor, y cómo es el Amor? No es demasiado tarde para que lo aprendas, aunque para enseñártelo haya tenido yo que ir a una celda de presidio.

Tras mi terrible sentencia, cuando me vestí de presidiario y la puerta de la cárcel se cerró, me quedé así, entre las ruinas de mi vida maravillosa, aplastado por la angustia, desatinado por el terror, aturdido por el sufrimiento. Pero no quise odiarte. Todos los días me decía: «Hoy tengo que conservar el Amor en mi corazón, porque si no, ¿cómo soportaré el día?». Me recordaba que, al menos, no habías querido hacerme daño; me obligué a pensar que lo único que habías hecho era tender un arco a la ventura, y la flecha había atravesado a un rey entre las juntas del arnés. Haberte puesto en la balanza con la más pequeña de mis penas, la más mezquina de mis pérdidas, habría sido, pensaba, injusto. Resolví mirarte como a alguien que también sufría. Me forcé a creer que al fin se había caído la venda de tus ojos, tanto tiempo ciegos. Me imaginaba, con dolor, cuál habría sido tu espanto cuando contemplaste la obra terrible de tus manos. Hubo momentos, incluso en aquellos días oscuros, los más oscuros de toda mi vida, en que hasta anhelé consolarte. Tan seguro estaba de que por fin te habías dado cuenta de lo que habías hecho.

De profundis
Oscar Wilde

miércoles, 15 de mayo de 2013

Desamor del cronopio

…caminando sobre la acera de una calle en espiral, transita un pobre cronopio, se ha enamorado de una fama y ahora vive los delirios del desamor, sus manitas dentro del pecho, sus ojos sepia, húmedo desdén de colores tristes, lúgubre y cabizbajo pretende encontrar el cielo en el pavimento, odia su sonrisa impresa, se avergüenza de su inherente buen humor, un dolor turbio le hace cosquillas, la gente le saluda sin darse cuenta del derrumbe, de los pedazos de cronopio que van cayendo a cada paso, ya alguien le había advertido que los cronopios no servían para el amor, los famas lo guardaban en las manos, las esperanzas en un tal corazón, pero los cronopios en la piel, triste para su causa que un fama científico muchos años atrás había descubierto que la piel era el órgano mas grande del cuerpo de los cronopios y este cronopio aquella tarde en que la vio había olvidado usar protector solar…


A la salida del Luna Park un cronopio advierte que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj. Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas que remonta Corrientes a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto. Meditación del cronopio: "Es tarde, pero menos tarde para mi que para los famas, para los famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde. Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo". Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales.


jueves, 9 de mayo de 2013

Nostalgia de ojos

…y vi tus ojos profundos, callados, como aturdidos, quizás por un recuerdo, los vi opacos sin brillo, como esas noches sin luna, como el amor sin luz, al borde de una lagrima, a la horilla de la melancolía, ¿donde escondías tu mirada?¿ Porque tus silencios son tan grandes?¿de que se trata el tiempo a la hora de olvidarse? Tus pupilas sin mar, no quiero decir que sin sueños, nostalgia de ojos que dejaron de verse, pero el tiempo es muy pequeño a la hora de irse, la palabra adiós es muy corta tomando en cuenta que a veces significa eternidad, o nunca o jamás, pero los cosas pasan o dejan de pasar y tus ojos andan por ahí de ambulantes en la opacidad de las nadas que a veces pierden sentido o prescinden de él, así sucede que a veces ando por ahí yo también, con estos ojos que no saciaron de verte, y veo en tus ojos profundos y callados que ya no puedes verme…



En el tronco de un árbol una niña
Grabó su nombre henchida de placer
Y el árbol conmovido allá en su seno
A la niña una flor dejó caer.
Yo soy el árbol conmovido y triste
Tú eres la niña que mi tronco hirió
Yo guardo siempre tu querido nombre
¿Y tú, qué has hecho de mi pobre flor?

¿Y tu que has hecho?
Eusebio Delfín - Buena Vista Social club

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lo siniestro de apagar la luz

…bajo el cobijo de una oscuridad tenue, a posteriori de un deceso de luz, bajo el silencio previo de un regocijo de recuerdos que están por convertirse en sueños y entre ojos que no saben como apagarse, la luna quien sabe en que lugar, las estrellas no vienen al caso, solo un sumario elocuente de acontecimientos recientes, apilados en el día que paso sin son, oprobio de intentos fallidos, brillos, sombras y delirios, palabras que aun retumban en los huesos, cimientos de este ser absurdo, la oscuridad llega con forma de memoria, embriagues de hormonas, vesania insolente en tiempos de calma, marea de sensaciones, pensamientos vagos, negligencia de los sentimientos que arropan este frio, esta soledad callada, este ruido de amor, bajo esta piel de molicie que solo evoca ausencias, fantasmas de otros tiempos, eco de mis abismos, lugares sin sol que se han hecho costumbre, no es que me derrumbe, simplemente no puedo dormir…


"- No cierras los ojos cuando besas???
- Los peces no cierran los ojos.
- Cierra esos benditos ojos de pez...
-Es que no puedo; si tu vieras lo que yo he visto, no podrías cerrarlos.
...
- Solo eres un niño de 10 años.
- Y los adultos no sois los gigantes que pretendéis ser; sois falsos niños a quienes os han robado la capacidad de disfrutar de la vida, deformados por un cuerpo voluminoso, que no comprendéis el verdadero significado de las palabras, el verdadero significado del amor."
...


"Te lo voy a decir una vez y ya es demasiado: enjuágate las manos en mar antes de poner el cebo en el anzuelo. El pez nota el olor, rehuye el bocado que viene de tierra. Haz exactamente lo que veas hacer, sin esperar a que nadie te lo diga. En el mar no es como en el colegio, no hay profesores que valgan. Está el mar y estás tú. Y el mar no enseña nada, el mar hace, y a su manera."

En ese verano, se halla en un momento complejo. A los diez años, dirá, se escribe por primera vez la edad con dos cifras, y estalla un deseo de crecer en todos los sentidos. Un crecimiento que no deja de tener su parte dolorosa. Conoce la violencia: otros muchachos le propinan una brutal paliza, que, sin embargo, no despierta sus deseos de venganza, pues está convencido de..."la inutilidad del odio y de la sangre".
...

"Sabemos perfectamente que no volveremos a vernos. Y si ocurre, seremos diferentes y no nos reconoceremos. Cambiarás de forma y de voz, los ojos de pez no, quizás te reconozca por ellos."

Los peces no cierran los ojos
Erri De Luca.

jueves, 25 de abril de 2013

En el mundo de las casualidades

…en el mundo de las casualidades todo puede existir así por ejemplo, en la practica sucede algo así, 154 pasos, algunos mas cortos que otros, una cuadra que de cien metros paso a tener 94 deficiencias del ingeniero civil que quería ser doctor, un aparador con varios vestidos naranjas, una tarde de infancia en que por decisión se tomo el color naranja como favorito, 345 segundos parada encima de unas sandalias que alguna vez estuvieron detrás de ese aparador, 28 pasos mas y una mirada perdida, extraviada en la inmensidad de lo cotidiano de esa calle, un corazón que late, varios recuerdos, tiempo atrás que se convirtió en pasado, nada relevante, un pequeño cambio, 6 pasos mas un semáforo en verde, otra calle aun mas vacía un perro jalando a un hombre, una vuelta, paso 0 un puesto de revistas, un atentado en algún lugar del mundo, letras grandes, 356 segundos para leer gratis, 4:27 am, Dumbo despierta a tomar agua, 7:45 am, Dumbo no aguanta y tira del dueño, 177 pasos Dumbo ve su poste favorito, en ese poste aprendió a levantar la patita, y el la ve, 11 pasos y medio, Dumbo sonríe y ellos también, 14 segundos para el ámbar del semáforo, ¿Cuánto dura un buenos días?, paso el ámbar, llego el rojo, ella cruza la calle, Dumbo se suelta, el corazón de el late, y que tristeza que el semáforo del otro lado no estaba en rojo, una mujer que va tarde a su trabajo, siente un golpe en su carro, una lagrima, dos, tres, cuatro, ella regresa hasta el, se inclina, palmea su espalda, una, dos, tres lagrimas, 5 años, dos personas caminan tomadas de la mano por una calle incompleta la misma cantidad de pasos, omití algo al principio, ambos cojean, no importa como se conocieron lo que importa es que aprendieron a caminar juntos…



Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Tú estabas donde
no tenías que estar;
y yo pasé,
pasé sin querer pasar.
Y me viste y te vi
entre la gente que
iba y venía con
prisa en la tarde que
anunciaba chaparrón.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Yo estaba donde
no tenía que estar
y pasaste tú,
como sin querer pasar.
Pero prendió el azar
semáforos carmín,
detuvo el autobús
y el aguacero hasta
que me miraste tú.

Tanto tiempo esperándote...

Fue sin querer...
Es caprichoso el azar.
No te busqué,
ni me viniste a buscar.

Es caprichoso el azar
Joan Manuel Serrat

jueves, 18 de abril de 2013

La belleza (Fragmento de mi novela: El reloj cangrejo)

…en el firmamento se suspendían tres soles intercalados, como formando un triangulo escaleno, que obedecían a distintas etapas del universo, la luz era gobernada por tres estrellas, que graduaban la luz de los días y retardaban las noches, así el primer amanecer teñía el planeta de un sepia melancólico, el segundo amanecer cubría la luz marrón con un rojo amenazante hasta que llegaba el tercer amanecer que llenaba de oro todos los rincones de aquel planeta, la belleza de aquel lugar posicionado entre tres estrellas sin intención de asesinarle, era algo que no se podía encontrar en ninguna parte del universo, el tiempo se sentía distinto en este lugar, caminaba a distintos ritmos, un día aquel planeta no se podía comparar con un día del planeta de Livier, todo era tan diferente, las leyes naturales de aquel lugar se esmeraban en embellecerlo, cascadas de agua entre una nube y otra, arcoíris tridimensionales, mares de agua dulce, montañas de cristales de todos colores y un sinfín de cosas imposibles de describir con la mente de un ser humano, la naturaleza como el arte provienen de la misma fuente: la belleza…



" El amor carnal en todas sus formas tiene por objeto la belleza del mundo. Muy a menudo también en la búsqueda del placer carnal los dos movimientos se combinan, el movimiento de correr hacia la belleza pura y el movimiento de huir lejos de ella en una confusión indiscernible. Si el amor carnal en todos los niveles se dirige más o menos a la belleza –y las excepciones no son más que aparentes- es porque la belleza en un ser humano hace de él por la imaginación algo equivalente al orden del mundo. El amor que se dirige al espectáculo de los cielos, las llanuras, el mar, las montañas, el silencio de la naturaleza que se hace sentir en mil leves sonidos, al soplo de los vientos, al calor del sol, ese amor que todo ser humano presiente al menos vagamente en un momento, es un amor incompleto, doloroso, porque se dirige a cosas incapaces de responder a la materia. Los hombres desean trasladar ese mismo amor a un ser que sea su semejante, capaz de responder a su amor, de decir sí, de entregarse. El sentimiento de la belleza que a veces está ligada a un aspecto particular de un ser humano hace posible esa transferencia, al menos de manera ilusoria. Pero la belleza del mundo, la belleza universal, es el objeto de ese deseo. "

La belleza del mundo (fragmento)
Simone Weil 

lunes, 15 de abril de 2013

Frio de labios

...el tiempo se ciñe bajo el escrutinio de las almas que viven en el pasado, en los momentos que ya no son y que simplemente dejaron de ser, como lo deja de ser todo, los pasos algún día se borran, las caricias se convierten en cicatrices, las miradas en hielo, las palabras en oscuridad, en un hueco abrupto de supuestos, de silencios y pretensiones, el tiempo apremia en los que creen que viven, en los que avanzan con cargas innecesarias, intrascendentes al paso del universo, el tiempo pasa, no ha aprendido a dejar de hacerlo, y cada que pasa un pensamiento, y en cada pensamiento un delirio, y de delirio mueren muchos sentimientos, ahogados en los mares del desasosiego, asfixiados por el insomnio de las noches sin sueño, de los pensamientos vivos que revolotean de un lado a otro dentro de la cabeza, que mueren buscando certeza en donde no la hay, cordura en donde no debería estar, dolor sin motivo, superlativo, abrupto y sinuoso, de lo que debería ser fácil y se complica por autocomplacencia, que queda sin paciencia cuando se presenta el miedo después del frio, frio de labios que no saben estar solos...



-Es curioso que uno no puede estar sin encariñarse con algo... Es... como si la mente segregara sentimiento, sin parar...
-¿Vos creés?
-... lo mismo que el estómago segrega jugo para digerir.
-¿Te parece?
-Sí, como una canilla mal cerrada. Y esas gotas van cayendo sobre cualquier cosa, no se las puede atajar.

El beso de la mujer araña
Manuel Puig

martes, 9 de abril de 2013

Hablando de ojos

...digamos que hablamos de ojos, de luz, de cielos atrapados, de noches estrelladas, de universos perdidos, de sueños con alas, de tiempos venideros, lugares perdidos, momentos sin tren, estrellas sin estela, vientos cabalgando, faros de luciérnagas, brillos que atardecen, latidos que anochecen, brisas del ayer, pasados sin camino, vértigos del alma, aves sin sur, prodigios mercaderes, ocasos y amaneceres, horizontes y siluetas, direcciones sin veletas, colores que aun no existen, pensamientos en carpetas, corazón sin monitor, no hay ladrón ni pesadillas, ni creación en las costillas, ni cuentos en tranvía, digamos que hablamos de tus ojos, imaginemos dos lumbreras, astros siniestros sin ganas de guerra, ni paz, ni afán ni dolor, listos para el amor que nunca llega, digamos que hablamos de un planeta con dos estrellas, en donde dos veces sale el sol…


De qué espacio sideral desconocido,
de qué tiempo que ya fue o aún no ha sido,
de qué lluvia de planetas has caído
proclamando un "aquí estoy porque ha venido..."
Que aunque no se trate de pedir permiso
por pisar el mismo vértigo que piso,
no se apunta a un corazón sin previo aviso
tan pronto y disparando tan preciso...,
quién eres tú...

Quién eres tú,
prodigio o vudú...,
quién eres tú,
ensueño o tabú...,
quién eres tú...

Cuando ya no queda más que ese momento
en que comienza a repetirse el argumento,
apareces, de repente, con el cuento
de que no hay historias... sólo sentimientos.
Y me invades con palabras como besos
inundándome con pájaros los sesos...
Qué difícil es salir ilesos
de esta magia en la que nos hallamos presos...

Quién eres tú,...

Te aseguro que no quiero hacerme el fuerte,
en todo caso me da pánico creerte...
No sé si eres el presagio de la Suerte
o, al contrario, vienes a darme la muerte...,
pero seas agua turbia o aguanieve,
cómo no beber cuando me dices: "bebe"...,
que la sed se va apagando y es más breve
al tiempo que pasan los años..., y no llueve...,
quién eres tú.

Quién eres tú,...

Quien eres tu?
Luis Eduardo Aute

jueves, 4 de abril de 2013

Con los pies en la tierra

...en los pisos de tierra, en donde el hambre se olvida por necesidad, donde se les pasa la hora de comer varias horas al día, entre las paredes de adobe y techos de quien sabe que será, niños que ya no sueñan ni quieren ser superman, prefieren pensar en tortillas sazonadas con sal, el papa no encuentra trabajo no sabe que no encontrara y la mama con tantos hijos no para de llorar, los rostros de hambre son crueles, en los pequeños de corta edad, que crimen mas ruin el de estos tiempos y de los que están detrás, el espacio los acurruca pues no hay mas que pensar, en donde están los sueños de los niños que olvidaron soñar…

En los pisos de mármol Italiano, que alguien mando a importar, caminan zapatos de lujo, de animales que pronto no existirán, camina de un lado a otro, el político que no deja de pensar, en cual será su estrategia, para poder robar mas, agobiado por los contrarios, que avanzan con el a la par, la ambición es su delirio, él también se olvido de soñar, sentado en su silla donde las leyes cambian de lugar, se ejerce poder sin las ganas de realmente querer ayudar, la avaricia colma su mente, convicciones de alguien que se perdió en el camino del ser humano, donde lo que ya menos importa es la humanidad, donde los sueños tienen precio y él cree que los puede comprar…





Los pobres, los verdaderos pobres, son todos aquellos que no tienen tiempo para perder tiempo.
Los verdaderos pobres, son aquellos que no tienen silencio y no pueden comprarlo.
Son aquellos que tienen piernas pero se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas han olvidado volar.
Son aquellos que comen basura y la pagan como si fuera comida.
Son aquellos que tienen el derecho de respirar mierda como si fuera aire.
Son aquellos que tienen sólo la libertad de elegir entre un canal de televisión y otro.
Aquellos que viven dramas pasionales con las máquinas,
aquellos que estando entre muchos, están siempre solos.
Los pobres, los verdaderos pobres, son aquellos que no saben que son pobres.

Los verdaderos pobres
Eduardo Galeano

miércoles, 3 de abril de 2013

El cielo (Fragmento de mi novela: El reloj cangrejo)

...no tenia de idea de lo que era el cielo, aunque en su vida el cielo había tenido varios significados, como aquella noche en que se encontró con Deliry a escondidas de su padre, paralelos al umbral infinito que se postraba frente a sus ojos, con estrellas titilantes que no se decidían por algún color, y otras tantas que brincaban de un lugar a otro, aquel cielo daba miedo, parecía que un enorme lago estaba encima de ellos y sobre el una cantidad incontable de luciérnagas que volaban de un lugar a otro,y aunque parecía que este lago infinito en algún momento caería encima de ellos, poco atención puso a aquel cielo, de alguna forma creía que era mejor observarlo en el reflejo de los ojos de Deliry, las palabras esa noche fueron tan innecesarias que no recordó ni una sola, recordaba también otra noche en que de niño se creyó el cuento del abuelo de que alguien se había robado las estrellas, en aquel cielo de un Otoño de su niñez simplemente no había estrellas al preguntarle al abuelo la razón, este le contesto, que si recordaba la vez que le había preguntado el porque todos los días por la mañana se sentaba a leer el periódico, y que con simpleza le contesto que solo era para enterarse de las cosas que pasan, según el abuelo, el titular del diario de aquella mañana destacaba con letras grandes que alguien había robado las estrellas y también recordó aquella noche en que Deliry murió, y que tanto había escuchado a la gente que repetía y repetía, que ella había ido al cielo, cosa absurda pensó como es que ella se había ido al cielo, si el cielo estaba en sus ojos, no importa el cielo si no lo que esta debajo de él, al final el cielo es un buen baúl para guardar recuerdos…



Una vez intenté escribir un relato en el que mi padre y yo nos reuníamos en el cielo. De hecho, una primera versión de este libro empezaba así. Yo tenía la esperanza de llegar a ser en el relato un buen amigo suyo. Pero el relato se complicaba perversamente, como suele pasar con los relatos cuando tratan de individuos reales a quienes hemos conocido. Al parecer, en el cielo la gente podía tener la edad que quisiera, siempre que hubiera vivido tal edad en la tierra. Así, por ejemplo, John D. Rockefeller, el fundador de la Standard Oil, podía tener cualquier edad hasta los noventa años. King Tut, cualquiera hasta los veintinueve, y así sucesivamente. Me desilusionó, como autor del relato, el que mi padre decidiese tener sólo nueve años en el cielo.
Yo, por mi parte, había decidido tener cuarenta y cuatro: respetable, pero también muy atractivo aún. Mi desilusión con mi padre se convirtió en vergüenza y rabia. Era igual que un lémur, como lo son los niños a los nueve años, todo ojos y manos. Tenía una reserva inagotable de lápices y cuadernos y andaba siempre siguiéndome los pasos, dibujándolo todo e insistiendo en que admirase los dibujos que acababa de hacer. Los recién conocidos me preguntaban a veces quién era aquel chiquillo tan raro, y yo tenía que decir la verdad porque en el cielo no se podía mentir: «Es mi padre.»
Los abusones disfrutaban haciéndole sufrir, porque no era como los otros niños. No se entretenía con las conversaciones de los niños ni con los juegos de los niños. Así que le perseguían y le agarraban y le quitaban los pantalones y los calzoncillos y los tiraban por la boca del infierno. La boca del infierno era como una especie de pozo de los deseos sin cubo ni polea. Podías asomarte y oír los alaridos desmayados de Hitler y Nerón y Salomé y Judas y gente así, allá, a lo lejos, abajo, muy abajo. Yo me imaginaba a Hitler, que sufría ya el máximo calvario, encontrándose periódicamente la cabeza cubierta con los calzoncillos de mi padre.
Y siempre que le robaban sus prendas, mi padre acudía corriendo a mí, rojo de rabia. Y yo a lo mejor estaba con alguien a quien acababa de conocer y a quien estaba impresionando con mi urbanidad... y aparecía mi padre, dando alaridos y con el pajarito ondeando al viento.
Me quejé a mi madre del asunto, pero me dijo que no sabía nada de él ni sobre él, pues sólo tenía dieciséis años. Así que no me quedaba más remedio que aguantarle, y lo único que podía hacer era gritarle de vez en cuando: «¡Por el amor de Dios, papá, por qué demonios no quieres crecer!»

En fin, el relato insistía tanto en ser desagradable, que dejé de escribirlo.

Pajaros de celda 
Kurt Vonnegut

sábado, 30 de marzo de 2013

Microrelatos (Fobias)

Puertafobico
...le tenía miedo a las puertas pero no todos los lugares tenían ventanas...

Mal maquillaje
…la muerte no le sentaba bien, por algo siempre tuvo miedo a la muerte…

El niño atómico
…la maestra de primer grado pregunto a Paul Tibbets, ¿Y tu a que tienes miedo Paul? A las alturas contesto...

Miedo al tiempo
…su miedo al tiempo tenia un buen fundamento, de niño fue testigo de como el reloj del campanario le cayo encima a un pordiosero…

Zapatofobia
…le temía a los zapatos, obviamente nadie se lo menciono al embalsamador…

El desconfiado
…le daban miedo sus manos, desconfiaba de ellas, no les perdía de vista, dormía atado de manos, hasta que un día las asfixio…

Reflejo
…los espejos le aterraban, no le gustaba lo que había en ellos…

Algo a que temer
…temía al silencio, quedo sordo, ahora temía al ruido y ya no podía temer…

Tiempos modernos
...tuvo que aguantarse el miedo a los colores cuando empezaron a salir las televisiones a color…

Buen cliente
…¿a que teme? pregunto el psicólogo a aquel hombre, el hombre no contesto, ahora entiendo pensó, ahora tiene miedo a hablar, la ultima sesión tenia miedo a quedarse callado, sin duda este es mi mejor cliente…



Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.

Miedo de quedarme dormido durante la noche.

Miedo de no poder dormir.

Miedo de que el pasado regrese.

Miedo de que el presente tome vuelo.

Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.

Miedo a las tormentas eléctricas.

Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.

Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.

¡Miedo a la ansiedad!

Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.

Miedo de quedarme sin dinero.

Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.

Miedo a los perfiles psicológicos.

Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.

Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.

Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.

Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.

Miedo a la confusión.

Miedo a que este día termine con una nota triste.

Miedo a despertarme y ver que te has ido.

Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.

Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.

Miedo a la muerte.

Miedo a vivir demasiado tiempo.

Miedo a la muerte.

Ya dije eso.

Miedo
Raymond Carver

Par de ojos alunados

…de tus manos unos labios, de tus ojos las caricias, un susurro acelerado, consumido enamorado, par de ojos alunados, la distancia entre dos rotos, luz de labios, pensamiento agujerado,  lugar para desaparecer, para envolverse de nada, para apagarse en el tiempo, sonido trepidante de latidos que rechinan, pechos agobiados que no saben que respiran, radiografía de un suspiro prolongado, que aun sin ojos esta vivo, veneno augurio, deseo espurio y sin amor, pero hay color entre tu y yo y lunas blancas para los días de sol, un do bemol, no es la ocasión, hay mas noches que estrellas, y quizás en una de ellas aparezcamos tu y yo…





Entiendo que no puedo suplicarle una vez mas
Pero nada se detiene
Solo vivo para ti
Dame solo un beso que me alcance hasta morir
Como un vicio que me duele
Quiero mirarte a los ojos

Luna
No me abandones mas
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus crateres
Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compas del volcan

Y cuando te me acercas
Se acelera mi motor
Me das fiebre
Me hago fuego y me vulevo a consumir

Dame solo un beso que me alcance hasta morir como un vicio que me duele
Quiero mirarte a los ojos

Luna
No me abandones mas
Que tiendo a recuperarme
En la cuna de tus crateres
Silencio
Se abre la tierra
Y se alzan los mares
Al compas del volcan.

Luna
Zoé

jueves, 28 de marzo de 2013

Los dias soleados

…susurro al viento las notas de otros tiempos, ambrosia de un silencio prolongado, quizás desviado hacia las hecatombes internas que ahora invernan en el hastió de lo superfluo que hoy por siniestro cayo al olvido, un recorrido por la memoria, surco de historia, pasos sin ruido, no hubo mas gloria que lo vivido, siendo elocuente, vistes de ausente, portas contigo el desatino, los des fortunios de un mal destino, bajo el dominio de la sapiencia que ya no piensa solo y contigo, un abandono bien decorado, bisutería de lo esperado, se han prolongado las incoherencias, sin mas carencias que lo olvidado, en el pasado gotas del tiempo, acurrucado en fantasías, mitomanía de un amor ya mutilado, que vive en un frio lugar de augurios ya reciclados, no he mejorado en ese arte que es olvidarte los dias soleados...





Se sintió enfermo de deseo.

Se había alejado del mar y se encontraba ahora en plena ciudad, cerca del mercado. En la esquina, una puta surgió del hueco de una puerta. Sostenía por encima de la cabeza un paraguas desplegado.

Ella le dijo:

- ¿Vienes, chato?

Él la miró:

- ¿Para qué?

Se quedo bastante sorprendida. No supo hacer otra cosa que repetir:

- ¿Vienes, chato?

Él volvió a preguntar:

- ¿Para qué?

Ella prosiguió con su melopea:

- Para ti sólo serán cien pavos.

Él se encogio de hombros:

- Cien pavos, y ni siquiera sabe explicarme para qué.

Ella se irritaba:

- Déjate de cuentos, guapetón. Cien pavos no es caro. Mirá si estoy bien hecha.

Él la examinó:

- Lo que no me gusta es el paraguas.

Se fue. Ella gritaba:

- Cochino, granuja, patán.

Se sentía enfermo de deseo. Helena.

Helena. Helena.

Helena.

[...]

Esperaron el tranvía un largo rato, luego entraron en el bosque. Caminaron entre los árboles de sílex y bajo sus pires se fragmentaban hasta convertirse en polvo hojas grises y metálicas. Hacía mucho frío.

- ¿No tienes demasiado frío? -preguntó Lehameau.

- Oh no. Cuando estoy con usted me da calor.

- ¿Es verdad? -preguntó Lehameau riendo-. Yo también, sabes -añadió entonces muy serio-, cuando tu estas conmigo, ya no pienso en el frío, en la dureza del tiempo.

- ¿Es usted desgraciado, señor Bernard?

- ¿Yo? No. ¿Por qué piensas que puedo ser desgraciado? No soy desgraciado. No soy feliz, no es lo mismo. Pero tampoco busco ser feliz. Pero tú eres aún demasiado pequeña, demasiado joven, para entenderlo.

[...]

Leía El Diario de un Burgués de París, en tiempos de Carlos VI y Carlos VII: Item, en ese tiempo estaban los lobos tan hambrientos que desenterraban con sus patas los cuerpos de las gentes que enterraban en los pueblos y en los campos; pues por todas partes se encontraban muertos en los campos y en las ciudades, debido a la grande pobreza, al rigor del tiempo y al hambre que sufrían, por la maldita guerra que seguía aumentando de día en día, de mal en peor.

La cosa duraba así durante páginas y páginas. No era nada divertida la Historia, pensaba la señora Durtertre, los hombres nunca llegarían a salir de ahí, se desesperaba. Y decir que, hacían tan sólo tres años, había aún montones de gente que no sólo se creían felices sino que también pensaban que la cosa seguiría siempre así, incluso mejorando, y otros para quienes la Paz había bajado a la tierra para establecerse para siempre. La señora Durtertre suspiró y luego volvió a su lectura: Item, en ese tiempo había una gran mortandad, y todos morían de calor que en la cabeza les cogía y luego la fiebre; y morían...

[...]

- Qué tiempo, qué tiempo -murmuró la señora Dutertre.

- Un tiempo de invierno -dijo Lehameau alegremente-. Un tiempo de febrero. Si la nieve no cae en invierno, ¿cuándo caerá? Es mejor que caiga en invierno que en verano, ¿no le parece?

- Sí, claro. Así hay que tomarse la vida, Bernard, la vida de los hombres, no es como el tiempo. A partir de un cierto momento ya no para de nevar. Nieva, nieva, no para de nevar, se convierte en un pesado dolor, no puede usted saberlo, y el buen tiempo no volverá, uno puede estar seguro.

- Es también mucho mejor que nieve cuando uno es viejo que cuando uno es joven, ¿no le parece? Y además la nieve es muy bonita también: la nieve de verdad.

[...]

Afuera nunca había hecho tanto frío.

Un duro invierno
Raymond Queneau

miércoles, 20 de marzo de 2013

Microrrelatos (Soledad)

Punto y coma
...abrió los ojos y se encontró más solo que en aquel largo sueño...

Una gran tristeza
...la lluvia no tenía más gotas para ese tipo de tristeza...

La dejada
...las golondrinas le merodeaban cual aves de rapiña...

Cuando asi se despedian
…la puerta del tren se cerró y su alma se quedo afuera…

El periodico llego muy tarde
…se quedo sin aliento antes de quedarse sin respirar…

Adicto a la luna
…triste fue cuando la luna ya no le fue suficiente…

Un gato superticioso
…aquel gato negro hacia todo lo posible para no toparse con ella…

Tantos recuerdos
…tiro su diario pero no podía tirar el cielo…

Tirarlas no basto
…sintió un escalofrió al encontrar aquellas cartas en su cabeza…

Cambio de sentidos
…la oscuridad tenia olor, el silencio sabor y la soledad se podía tocar…

Monotonia
…la cama se volvió aquel mundo de quien nadie habla…

Insomnio
…la mañana llego pero otra noche lo esperaba…

Lugar de besos
…si aquella banca hablara los besos serian mudos…

Era hora
…la neblina le rosaba los talones…

El rey
…se perdió buscando aquella rosa que aquel príncipe había dejado…





LA OVEJA NEGRA - AUGUSTO MONTERROSO

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

UN SUEÑO - JORGE LUIS BORGES

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular...El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

EL POZO - LUIS MATEO DÍEZ

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. "Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

HABLABA Y HABLAMA - MAX AUB

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

LA MANO - RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado. Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía con el balcón abierto, por higiene, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese entrado el asesino. La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el cuarto.

Llena de terror, acudió la policía y el juez. Era su deber. Trabajo les costó cazar la mano, pero la cazaron y todos le agarraron un dedo, porque era vigorosa corno si en ella radicase junta toda la fuerza de un hombre fuerte. ¿Qué hacer con ella? ¿Qué luz iba a arrojar sobre el suceso? ¿Cómo sentenciarla? ¿De quién era aquella mano? Después de una larga pausa, al juez se le ocurrió darle la pluma para que declarase por escrito. La mano entonces escribió: «Soy la mano de Ramiro Ruiz, asesinado vilmente por el doctor en el hospital y destrozado con ensañamiento en la sala de disección. He hecho justicia».

CARTA DEL ENAMORADO - JUAN JOSÉ MILLÁS

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

LA MUERTE EN SAMARRA - GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (Adaptación)

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.

-Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.

El amo le da un caballo y dinero, y le dice:

-Huye a Samarra.

El criado huye. Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.

-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.

-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.

LA MANZANA - ANA MARÍA SHUA

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

EL EMPERADOR DE CHINA - MARCO DENEVI

Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado, del difunto emperador. ¿Veis? -dijo - Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador.

El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.

CALIDAD Y CANTIDAD - ALEJANDRO JODOROWSKY

No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO - JOSÉ LEANDRO URBINA

Mientras el sargento interrogaba a su madre y su hermana, el capitán se llevó al niño, de una mano, a la otra pieza...

- ¿Dónde está tu padre? - preguntó

- Está en el cielo - susurró él.

- ¿Cómo? ¿Ha muerto? - preguntó asombrado el capitán.

- No - dijo el niño -. Todas las noches baja del cielo a comer con nosotros. El capitán alzó la vista y descubrió la puertecilla que daba al entretecho.

AMENAZAS - WILLIAM OSPINA

-Te devoraré -dijo la pantera.

-Peor para ti -dijo la espada.

ESTE TIPO ES UNA MINA - LUISA VALENZUELA

No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros.

LA VERDAD SOBRE SANCHO PANZA - FRANK KAFKA

Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie.

Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la

responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.

(SIN TÍTULO) - GABRIEL JIMÉNEZ EMAN

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

martes, 19 de marzo de 2013

Haikus Catrina

Si amanece hoy,
El sol que ya no quema,
Duerme la nieve.

Tiempo sin fin
No siempre es primavera
Canta cigarra

La luz distraída
De siluetas y sombras
Lágrima y flor.

Los días caminan,
En laderas sinuosas,
Dejas de ser.

Luz en la espiga,
Senderos en el mar
Alma que va.

Ondea el adiós,
Atardece la vida
Es hora de irse.





Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

Una carta de amor

Julio Cortázar

lunes, 18 de marzo de 2013

Estas en donde debes estar

...y después de una mirada, vinieron aquellos segundos, que llegaron a ser la sentencia de estos recuerdos, disfrazados de ayer, perpetuados en hoy, sublevados en mi cabeza, de repentina inspiración fatídica y sumos sentimientos suicidas, en el transitar de mis abruptas conciencias y morales mellizas, me he topado con tus silencios, he tropezado con tus sonrisas, he platicado con tu voz y una cínica nostalgia me ha consternado pero aun así estas donde deberías estar, donde decidí dejarte, antes de precipitarme al olvido, pese a la melancolía de los días de lluvia, y la soledad de las noches detrás de mis parpados, la felicidad ha tomado asiento, el amor se transformo en primavera y tu estas en donde debes estar…





Una vez más hasta cuándo
acaso un día entero como siempre
la taquicardia el miedo
calmantes
este fuego
helado en la cúpula del estómago
este vómito
quieto
en constante acumulación
a veces devorado por el dolor
de otra angustia aún
más hambrienta
hasta cuando mañana y ayer y hoy de nuevo
quiste cada vez más enraizado
honda escocedura de estertores
donde el clavo ardiente de un latido
entero
cumplido
resuelto
es urgente como el suicidio

Una vez mas 
Luis Eduardo Aute

miércoles, 13 de marzo de 2013

No me mires

...quise decir que si el tiempo encuentra el camino de vuelta, me gustaría esculpir con palabras una estatua de aquel momento, tallada a suspiros, labrada de sueños, forjada de ti, quise decir que si este corazón no fuera tan manco pintaría el paisaje que reflejan tus ojos, delinearía tu alma, trazaría tus siluetas, atraparía tus sombras y también tu luz,  llenaría mi lienzo de ti, quise decir que si la vida claudica, y los retoños no vuelven esta primavera, y las aves deciden jamas regresar, y las lunas llenas encontraran otro lugar, encontraría algún sitio, un espacio silente, una luz remanente, con deseo pueril te invitaría a partir, sin afán de destino, sin presagio, sin camino, quise decir, que si a caso un universo nos jugara mal, y aparecieras de pronto en una de esas calles sin nombre, en alguna ciudad de las que fácil se olvidan, en aquellas horas donde no es de día ni de noche, y nuestras vistas se cruzaran, por favor no me mires...





tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Viceversa
Mario Benedetti

lunes, 25 de febrero de 2013

Amor residual

...el tiempo se hizo memoria y los suspiros palabras no conjugadas, los días fueron cayendo uno a uno sobre la piel de tus silencios, los recuerdos se volvieron nubes grises casi sin forma, sin razón de ser, tu luz se fue apagando pero nunca llego a ser oscuridad, la penumbra de mi alma tomo tu lugar, tu mirada eclipsada en el menguar de mi ser, el corazón agrietado, los sueños dormidos, el olvido reina por mis lares, pero un recuerdo, solo uno me traen los mares y las estrellas, huiste con ellas, enfermaste de realidades, y te escapaste del verdadero amor, pero la luna  tiene bondades y aveces llegas con ella en forma de amor residual...





Si me preguntáis en dónde he estado
debo decir "Sucede".
Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras,
del río que durando se destruye:
no sé sino las cosas que los pájaros pierden,
el mar dejado atrás, o mi hermana llorando.
Por qué tantas regiones, por qué un día
se junta con un día? Por qué una negra noche
se acumula en la boca? Por qué muertos?

Si me preguntáis de dónde vengo tengo que conversar con
cosas rotas,
con utensilios demasiado amargos,
con grandes bestias a menudo podridas
y con mi acongojado corazón.

No son recuerdos los que se han cruzado
ni es la paloma amarillenta que duerme en el olvido,
sino caras con lágrimas,
dedos en la garganta,
y lo que se desploma de las hojas:
la oscuridad de un día transcurrido,
de un día alimentado con nuestra triste sangre.

He aquí violetas, golondrinas,
todo cuanto nos gusta y aparece
en las dulces tarjetas de larga cola
por donde se pasean el tiempo y la dulzura.
Pero no penetremos más allá de esos dientes,
no mordamos las cáscaras que el silencio acumula,
porque no sé qué contestar:
hay tantos muertos,
y tantos malecones que el sol rojo partía,
y tantas cabezas que golpean los buques,
y tantas manos que han encerrado besos,
y tantas cosas que quiero olvidar.


No hay olvido (Sonata)
Pablo Neruda

viernes, 25 de enero de 2013

Homo sapiens

…vivimos atrapados en la sociedad del engaño, los tiempos de la mentira y de lo espurio, donde todo se sugiere pero nada se comprueba, de las cortinas de humo, de la turbiedad de las cosas, del pensamiento apócrifo, de las leyes contradictorias, donde es fácil ser deportista y engañar por mucho tiempo al mundo, o cometer crímenes en países ajenos y salir como héroe nacional, donde no se aclaran las evidencias de la mala política, donde adornamos con eufemismos la mala democracia, el mal proceder de las cosas, donde aplaudimos a personas que se han hecho millonarios utilizando sin permiso el intelecto de otros, donde es mas importante la vida personal de un joven cantante que los 870 millones de personas que pasan hambre en el mundo, donde hemos colaborado para el surgimiento de grandes compañías tecnológicas, pero no hemos logrado encaminarlas para el bien común, para hacer del mundo un lugar mejor, donde nos olvidamos que las armas fueron inventadas para matar y la economía para hacer mas ricos a los ricos y mas pobres a los pobres, vivimos tiempos retrogradas, en donde el esclavismo aun es reciente, donde grandes instituciones fundamentadas en la benevolencia de un Dios se han encargado de perjudicar mas que ayudar al ser humano, donde es mas importante bloquear económicamente a un país que colaborar en el crecimiento de otros, en donde el amor ha aprendido a disfrazarse de cosas superfluas, tal vez es como el homo sapiens ha perdurado desde hace 2.5 millones de años fregándose a los otros homos y a cuanto pobre animal que se ha puesto en su camino, pero nada de tristeza en este asunto, es nuestra naturaleza, gateamos apenas en los linderos de una era, donde quizás algún día lo único que nos quede por destruir seamos nosotros mismos…


La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la segunda guerra mundial, que a muchos mató. Pero, desde el punto de vista del poder, el exterminio no viene mal, al fin y al cabo, si en algo ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Los expertos denuncian los excedentes de población al sur del mundo, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento, día y noche: las mujeres siempre quieren y los hombres siempre pueden. ¿Excedentes de población en Brasil, donde hay diecisiete habitantes por kilómetro cuadrado, o en Colombia, donde hay veintinueve? Holanda tiene cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadrado y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todo. Haití y El Salvador son los países más superpoblados de las Américas, y están tan superpoblados como Alemania.
El poder, que practica la injusticia y vive de ella, transpira violencia por todos los poros. Sociedades divididas en buenos y malos: en los infiernos suburbanos acechan los condenados de piel oscura, culpables de su pobreza y con tendencia hereditaria al crimen: la publicidad les hace agua la boca y la policía los echa de la mesa. El sistema niega lo que ofrece, objetos mágicos que hacen realidad los sueños, lujos que la tele promete, las luces de neón anunciando el paraíso en las noches de la ciudad, esplendores de la riqueza virtual: como bien saben los dueños de la riqueza real, no hay valium que pueda calmar tanta ansiedad, ni prozac capaz de apagar tanto tormento. La cárcel y las balas son la terapia de los pobres.
Hasta hace veinte o treinta años, la pobreza era fruto de la injusticia. Lo denunciaba la izquierda, lo admitía el centro, rara vez lo negaba la derecha. Mucho han cambiado los tiempos, en tan poco tiempo: ahora la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece. La pobreza puede merecer lástima, en todo caso, pero ya no provoca indignación: hay pobres por ley de juego o fatalidad del destino. Tampoco la violencia es hija de la injusticia. El lenguaje dominante, imágenes y palabras producidas en serie, actúa casi siempre al servicio de un sistema de recompensas y castigos, que concibe la vida como una despiadada carrera entre pocos ganadores y muchos perdedores nacidos para perder. La violencia se exhibe, por regla general, como el fruto de la mala conducta de los malos perdedores, los numerosos y peligrosos inadaptados sociales que generan los barrios pobres y los países pobres. La violencia está en su naturaleza. Ella corresponde, como la pobreza, al orden natural, al orden biológico o, quizá, zoológico: así son, así han sido y así seguirán siendo. La injusticia, fuente del derecho que la perpetúa, es hoy por hoy más injusta que nunca, al sur del mundo y al norte también, pero tiene poca o ninguna existencia para los grandes medios de comunicación que fabrican la opinión pública en escala universal.
El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso. Robert McNamara, que fue uno de los responsables de la guerra del Vietnam, escribió un libro donde reconoció que la guerra fue un error. Pero esa guerra, que mató a más de tres millones de vietnamitas y a cincuenta y ocho mil norteamericanos, no fue un error porque fuera injusta, sino porque los Estados Unidos la llevaron adelante sabiendo que no la podían ganar. El pecado está en la derrota, no en la injusticia. Según McNamara, ya en 1965 había abrumadoras evidencias que demostraban la imposibilidad del triunfo de las fuerzas invasoras, pero el gobierno norteamericano siguió actuando como si la victoria fuese posible. El hecho de que los Estados Unidos hayan pasado quince años practicando el terrorismo internacional para imponer, en Vietnam, un gobierno que los vietnamitas no querían, está fuera de cuestión. Que la primera potencia militar del mundo haya descargado, sobre un pequeño país, más bombas que todas las bombas arrojadas durante la segunda guerra mundial es un detalle que carece de importancia.
Al fin y al cabo, en su larga matanza, los Estados Unidos habían estado ejerciendo el derecho de las grandes potencias a invadir a quien sea y obligar a lo que sea. Los militares, los mercaderes, los banqueros, y los fabricantes de opiniones y de emociones de los países dominantes tienen el derecho de imponer a los demás países dictaduras militares o gobiernos dóciles, pueden dictarles la política económica y todas las políticas, pueden darles la orden de aceptar intercambios ruinosos y empréstitos usureros, pueden exigir servidumbre a sus estilos de vida y pueden digitar sus tendencias de consumo.
Es un derecho natural, consagrado por la impunidad con que se ejerce y la rapidez con que se olvida. La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica la perpetuación del privilegio por derecho de herencia, absuelve los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a su discurso. La memoria del poder, que los centros de educación y los medios de comunicación difunden como única memoria posible, sólo escucha las voces que repiten la aburrida letanía de su propia sacralización. La impunidad exige la desmemoria. Hay países y personas exitosas y hay países y personas fracasadas, porque los eficientes merecen premio y los inútiles, castigo. Para que las infamias puedan ser convertidas en hazañas, la memoria del norte se divorcia de la memoria del sur, la acumulación se desvincula del vaciamiento, la opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza y la pobreza vienen de la eternidad y hacia la eternidad caminan, y que así son las cosas porque Dios, o la costumbre, quieren que así sean.
Octava maravilla del mundo, décima sinfonía de Beethoven, undécimo mandamiento del Señor: por todas partes se escuchan himnos de alabanza al mercado libre, fuente de prosperidad y garantía de democracia. La libertad de comercio se vende como nueva, pero tiene una historia larga. Y esa historia tiene mucho que ver con los orígenes de la injusticia, que en nuestro tiempo reina como si hubiera nacido de un repollo, o de la oreja de una cabra: hace tres o cuatro siglos, Inglaterra, Holanda y Francia ejercían la piratería, en nombre de la libertad de comercio, mediante los buenos oficios de sir Francis Drake, Henry Morgan, Piet Heyn, Franzois Lolonois y otros neoliberales de la época; la libertad de comercio fue la coartada que toda Europa usó para enriquecerse vendiendo carne humana, en el tráfico de esclavos; cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra, lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio, y las telas norteamericanas, más caras y más feas que las telas inglesas, se hicieron obligatorias, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto; después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la libertad de comercio para obligar a muchos países latinoamericanos al consumo de sus mercancías, sus empréstitos y sus dictadores militares; envueltos en los pliegues de esa misma bandera, los soldados británicos impusieron el consumo de opio en China, a cañonazos, mientras el filibustero William Walker restablecía la esclavitud, también a cañonazos, y también en nombre de la libertad, en América Central; rindiendo homenaje a la libertad de comercio, la industria británica redujo a la India a la última miseria, y la banca británica ayudó a financiar el exterminio del Paraguay, que hasta 1870 había sido el único país latinoamericano de veras independiente; pasó el tiempo y a Guatemala se le ocurrió, en 1954, practicar la libertad de comercio comprando petróleo a la Unión Soviética, y entonces los Estados Unidos organizaron una fulminante invasión, que puso las cosas en su lugar; y poco después, también Cuba ignoró que su libertad de comercio consistía en aceptar los precios que se le imponían, compró el prohibido petróleo ruso, y ahí se armó el tremendo lío que desembocó en la invasión de Playa Girón y en el bloqueo interminable.

Todos los antecedentes históricos enseñan que la libertad de comercio y lasdemás libertades del dinero se parecen a la libertad de los países, tanto como Jack el Destripador se parecía a san Francisco de Asís. El mercado libre ha convertido a nuestros países en bazares repletos de chucherías importadas, que la mayoría de la gente puede mirar pero no puede tocar. Así ha sido desde los lejanos tiempos en que los comerciantes y los terratenientes usurparon la independencia, conquistada por nuestros soldados descalzos, y la pusieron en venta. Entonces fueron aniquilados los talleres artesanales que podían haber incubado a la industria nacional. Los puertos y las grandes ciudades, que arrasaron al interior, eligieron los delirios del consumo en lugar de los desafíos de la creación. Han pasado los años, y en los supermercados de Venezuela he visto bolsitas de agua de Escocia para acompañar al whisky. En ciudades centroamericanas donde hasta las piedras transpiran a chorros, he visto estolas de piel para damas copetudas. En Perú, enceradoras eléctricas alemanas, para casas de pisos de tierra que no tenían electricidad. En Brasil, palmeras de plástico compradas en Miami. Otro camino, el inverso, recorrieron los países desarrollados. Ellos nunca dejaron entrar a Herodes en sus cumpleaños infantiles. El mercado libre es la única mercancía que fabrican sin subsidios, pero sólo con fines de exportación.
Ellos la venden, nosotros la compramos. Sigue siendo muy generosa la ayuda que sus estados brindan a la producción agrícola nacional, que así puede derramarse sobre nuestros países a precios baratísimos, a pesar de sus costos altísimos, condenando a la ruina a los campesinos del sur del mundo. Cada productor rural de los Estados Unidos recibe, en promedio, subsidios estatales cien veces mayores que el ingreso de un agricultor de las islas Filipinas, según los datos de las Naciones Unidas. Y eso por no hablar del feroz proteccionismo de las potencias desarrolladas en la custodia de lo que más le importa: el monopolio de las tecnologías punta, de la biotecnología y de las industrias del conocimiento y de la comunicación, privilegios defendidos a rajatabla para que el norte siga sabiendo y el sur siga repitiendo, y que así sea por los siglos de los siglos. Continúan siendo altas muchas de las barreras económicas, y más altas que nunca se alzan todas las barreras humanas. No hay más que echar un vistazo a las nuevas leyes de inmigración en los países europeos, o al muro de acero que los Estados Unidos están construyendo a lo largo de la frontera con México: éste no es un homenaje a los caídos del muro de Berlín, sino que es una puerta cerrada, una más, en las relaciones de los trabajadores mexicanos que insisten en ignorar que la libertad de mudarse de un país es un privilegio del dinero. (Para que el muro no resulte tan desagradable, se anuncia que será pintado de color salmón, lucirá azulejos decorados con arte infantil y tendrá agujeritos para mirar al otro lado.) Cada vez que se reúnen, y se reúnen con inútil frecuencia, los presidentes de las Américas emiten resoluciones repitiendo que el mercado libre contribuirá a la prosperidad. A la prosperidad de quién, no queda claro. La realidad, que también existe aunque a veces se note poco, y que no es muda aunque a veces se hace la callada, nos informa que el libre flujo de capitales está engordando cada día más a los narcotraficantes y a los banqueros que dan refugio a sus narco dólares. El derrumbamiento de los controles públicos, en las finanzas y en la economía, les facilita el trabajo: les proporciona buenas máscaras y les permite organizar, con mayor eficacia, los circuitos de distribución de drogas y el lavado del dinero sucio. También dice la realidad que esa luz verde está sirviendo para que el norte del mundo pueda dar rienda suelta a su generosidad, instalando al sur y al este sus industrias más contaminantes, pagando salarios simbólicos y obsequiándonos sus residuos nucleares y otras basuras.
Patas arriba: La escuela del mundo al revés
Eduardo Galeano
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