jueves, 27 de junio de 2013

Tal vez en otra vida

...sabes la siguiente vez que tu y yo andemos caminando a la orilla de la playa bajo la luna, tu y yo pasearemos un perro robótico, carros voladores pasaran encima de nosotros, los humanos aprenderán a pilotear estrellas fugaces, y quizás la luna haya sido mordisqueada y quizás en otra vida, quizás en otros tiempos, aprendamos de eternidad y de amor, y las usemos para acabar por siempre juntos, las vidas que sean necesarias.

Mientras tanto, escribe lo que nos separo en un papel, lo que no nos ayudo a estar juntos por siempre, mételo a una botella, tápalo y arrójalo al mar, para que tu en tu siguiente vida lo encuentres a lo orilla de alguna playa, y entonces recuerdes todo lo que no hicimos para estar juntos, yo te dejare quizás una pista en la parte de la luna menos apetecible...


 "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un trayecto en tres etapas a través del paladar e impacta, en el tercero, en los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, Lo a secas, de mañana, con su metro cincuenta y una sola media. Era Lola en pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores sobre la línea punteada. Pero en mis brazos, era siempre Lolita." Así empieza Lolita, es de los comienzos más bonitos que he leido. 

 Lolita 
 Vladimir Nabokov

martes, 25 de junio de 2013

Suponiendo

…supongo que la zozobra te ha colmado y que este aliento espurio se ha disfrazado de un suspiro y que ya no tiene recato contigo, que se te ha desbordado el corazón y se te han descocido los sentimientos, pienso que el tiempo ha desvariado y que el grito sabe mas a susurro, y la ausencia a tumulto, y el apego a añoranza, supongo que a veces sueñas conmigo y en los sueños te creas tu misma y te espantas de ser Dios y me llamas, y tu alma se enfría bajo la luz de los recuerdos perdidos, abrumados por la penumbra de las noches en pena, insomnio de amor a medio latido, a medio ser distraído, vago destino del desasosiego, misterio de lo efímero a la hora de rendirte cuentas, desasne del corazón para seguir vivo, para diluir de tu sangre mis vestigios, desbaste del alma para labrarme y ceñir con mentiras tus caminos…


El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar. -Adiós -le dijo a la flor. Esta no respondió. -Adiós -repitió el principito. La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada. -He sido una tonta -le dijo al fin la flor-. Perdóname. Procura ser feliz. Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el fanal en el aire, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre. -Sí, yo te quiero -le dijo la flor-, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero. -Pero el viento... -No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor. -Y los animales... -Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras. Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió: -Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez. La flor no quería que la viese llorar : era tan orgullosa...



El principito Antoine de Saint-Exupéry

lunes, 24 de junio de 2013

Fragmentos de olvido

...¿Que habrá ahí en donde ya no estamos? ¿Se escucharan nuestras voces? ¿Vagaremos de un cuarto a otro como fantasmas buscando el amor perdido? Perdido eternamente.

A veces me viene a visitar un recuerdo, se postra en mi ventana como esas aves nocturnas, de mala fama, y me mira fijamente, como buscándote en mi alma, que se ha vuelto tan profunda a causa de ti.

Amanecí pensando otra vez en ti, so pena de cualquier remordimiento, bajo riesgo de quedarme varado en la memoria, de perderme en el abismo al que te exilié. 

Tal vez un día la luna sea tan pesada que caerá sobre nosotros. Tantos recuerdos, tantos suspiros, tantas promesas bajo su brillo, por mas que lo pienso no debe ser una carga fácil de llevar. 

Veía la gente venir de un lugar a otro, tan acostumbrados a eso que me puse a llorar, llore por varios días, hasta que me di cuenta que el llanto también me recordaba a ti, el olvido ya no podía ser un pretexto.

Descubrí que en la cabeza hay un lugar para guardar recuerdos y otro para guardar pensamientos, a tiempo me di cuenta que un pensamiento guardado, es un recuerdo.

Camine por la vida, ya sin ti y me sentí tan ligero como una pluma, el problema es que cualquier viento me hacia capas de volar hasta ti...



Estaba sentada en el borde de la bañera y no podía dejar de mirar la corneja moribunda. Veía en su absoluto desamparo la imagen de su propio sino. Se dijo varias veces: no tengo en el mundo a nadie más que a Tomás. ¿Había llegado a la conclusión, tras el episodio con el ingeniero, de que las aventuras no tienen nada que ver con el amor? ¿De que son leves y no pesan nada? ¿Ya está más tranquila? En absoluto. Vuelve a su mente la siguiente escena: Salió del retrere y su cuerpo estaba en la antesala desnudo y rechazado. El alma temblaba, asustada, en algún lugar en la profundidad de las entrañas. Si en aquel momento el hombre que estaba en la habitación le hubiera hablado a su alma, se hubiera echado a llorar, hubiera caído en sus brazos. Se imaginó que en su lugar hubiese estado en la antesala junto al retrete alguna de las amantes de Tomás y que en lugar del ingeniero hubiee estado dentro Tomás. Le habría dicho a la chica una sola palabra y ella lo hubiera abrazado llorando. Teresa sabe que así es el momento en que nace el amor: la mujer no puede resistirse a la voz que llama a su alma asustada; el hombre no puede resistirse a la mujer cuya alma es sensible a su voz. Tomás no está protegido ante los peligros del amor y Teresa ha de temer por él cada hora y a cada minuto. ¿Cuál es su arma? Unicamente su fidelidad. Se la ofreció desde el comienzo, desde el primer día, como si supiera que no tenía otra cosa que darle. El amor que hay entre ellos es de una arquitectura extrañamente asimétrica: descansa sobre la seguridad absoluta de su fidelidad como un palacio mastodóntico sobre una sola columna. La corneja ya no movía las alas, sólo aveces le temblaba la patita herida, quebrada. Teresa no quería separarse de ella, como si velase junto al lecho de una hermana suya moribunda. Al fin fue a la cocina a almorzar rápidamente algo. Cuando volvió la corneja había muerto.

La insoportable levedad del ser 
Milan Kundera

miércoles, 5 de junio de 2013

Pasaje de lluvia

...trémulo el silencio se va derramando sobre mi piel vacía, moribunda en el lecho de la ignominia, desgaste de pudor y de lágrimas, frio semblante del desasosiego, las gotas se desvanecen bajo la luz silente de un recuerdo, testigo impávido de este desplome de llanto, lugar donde ya no crece nada.

A lo lejos se supone un rayo de sol o varios, pero estas nubes parecen tan eternas, tajantemente se han adueñado de mi cielo. Eco tierno y aterrador de las gotas que no han llegado al suelo, que han elegido incrustarse en la parte física de mi alma.

Mi semblante etéreo, sumiso ante el poder del ir y no venir de la lluvia. El tiempo se desviste frente a mis ojos, el pasado tiene muchas formas, pero ninguna se parece a mí, sus voces gritan como si me conocieran, cuanto servirían unas manos en esta humedad, pero el anhelo de un abrazo encrudece mi alma. Presiento nuevos albores en la lejanía de estas horas casi eternas, pero presentir a veces duele es como tener fe cuando la tenia…


En cada gota de lluvia mi vida errada llora en la naturaleza. Hay algo de mi desasosiego en ese gota a gota, en ese llover y llover con que la tristeza del día se descompone inútilmente sobre la tierra. Llueve tanto, tanto. Mi alma se empapa de oírlo. Tanto... Mi carne es líquida y acuosa entorno a mi sensación de ella. Un frío desasosegado abraza con manos gélidas mi pobre corazón. 
 Las horas cenicientas y (...) se prolongan, se aplanan con el tiempo; los momentos se suceden. ¡Cómo llueve! 


Los canalones vomitan torrentes mínimos de aguas siempre súbitas. Baja por mí saber que hay en las alcantarillas un ruido perturbador de bajada de agua. Golpea contra la ventana, indolente, gemidoramente la lluvia; en la (...) Una mano fría me aprieta la garganta y no me deja respirar la vida. ¡Todo muere en mí, incluso el saber que puedo soñar! De ninguna manera física estoy bien. Todas las blanduras en que me reclino tienen aristas para mi alma. Todas las miradas hacia donde miro están tan oscuras de tanto ser golpeadas por esta luz empobrecida del día. Que parecen dejarse morir sin dolor.



El libro del desasosiego 

Fernando Pessoa

martes, 4 de junio de 2013

Se van

…tengo una cadena de mares ahogados en melancolía, sol de nostalgias entre mis parpados, nudo de insomnio en mi garganta, retablo de oleos en blanco y negro detrás de mi fe, suspiro de hielo en el corazón, las personas se van, hablo de que realmente se van, un día la vida les abandona, y nos abandonan, algún día también nos abandonaremos y abandonaremos, el pregón de la muerte empezara en nuestro fin, con la soledad absoluta, en el reino de promesas, viviremos, si es que se puede vivir en la muerte bajo una letanía de superfluos, cielo sin nubes y en donde ya no estas, te iras, dejaras la vida, los colores, las tierras mundanas, te fundirás con el silencio, te arroparas entre recuerdos que lucharan por sobrevivir y nos iremos y viajaremos hacia lugares desconocidos, difuminados con el viento y la memoria, seremos historia, esa historia que sin duda sabrá todo de ti, te inventara en un poema de cuatro estaciones, migraras hacia lo eterno, y eternamente con nosotros estaras...


“Se hallaba a sí mismo más abandonado de día en día, más solitario y más desagradable. Acostumbraba a sentarse al sol, en el jardincillo o a tenderse en el bosque, debajo de los árboles, donde permanecía largas horas abstraído en sus pensamientos o sumergido en sus ensueños. La lectura no le ayudaba a pasar el tiempo, porque a las pocas páginas le dolían la cabeza y los ojos, y porque en todos sus libros le parecía ver fantasmas de los tiempos pasados…”

Bajo las ruedas
Hermann Hesse

Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que nadie vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros.

Mañana en la batalla piensa en mí
Javier Marías.
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