lunes, 19 de diciembre de 2011

El brillo de mis ojos

...tú dices ver un brillo en mis ojos, pero no lo es y te lo voy a explicar, si por algún momento en una de esas pasadas a través de tu mirada logras captar esas dos pequeñas esferas que suspenden entre mis parpados y si por casualidad notas un brillo similar al de un reflejo de sol en un unos pequeños espejos entiende que no es un brillo, si no un ocaso, si como lo oyes un ocaso que se estaciono un día de primavera cuando precisamente gotas de lluvia se separaban de unas nubes que cubrían sigilosamente la totalidad de un puerto en donde los barcos yo no desembarcan porque el cielo se ha quedado en las olas que escupen una espuma blanca a las arenas suaves de las playas vacías de palmeras pero tupidas de pinos que sueñan con hogueras y piensan en el faro que por las noches les guiñe un ojo a través de la neblina que se besa con las brisas que son suspiradas desde una isla donde nacen todas las brisas y quizás también los sueños, esos sueños que se esfuman con la propia vida de un soñador que andando por una calle empedrada en los suburbios de aquel puerto con las manos en los bolsillos ha pateado una piedra que ha caído en los pliegues de una banqueta que avanza en sentido contrario hacia la eternidad del tiempo que se dibuja en el reloj de la catedral donde el motivo del sueño se une con otro sueño trazando mentiras que vuelan junto a las palomas que se abalanzan sobre la lluvia de arroz que cae sobre el limosnero que hace tiempo dejo de soñar y que ahora solo cree en esas monedas a las que llaman dinero mientras su pierna hinchada se pudre causándole un dolor que se convierte en nausea de los que pasan tratando de no inclinar el cuello para olvidar a los que deben de ser olvidados en las afueras de las iglesias que apuñalan el cielo con sus cruces afiladas y que estremecen con sus ruidosas campanas el duelo de una viuda que mira por la ventana como a media docena de niños que corren detrás de una pelota que horas antes solo era un puñado de papeles y cinta adhesiva mientras un niño cojo los observa y deja caer una lagrima sobre el suelo de aquel vecindario de niños flacos que olvidan el hambre jugando y cuando precisamente en ese instante pasa un tren que acaricia con el cristal de una de sus ventanas el rostro de una mujer que invoca el recuerdo de su padre empujándola en un columpio que se sostenía de un árbol que dejo de dar sombra la tarde de un invierno que le asesino sin remordimientos una tarde en el que el cielo no pudo contener su llanto en un instante en que un rayo de sol distraido se cruzo con una de sus lagrimas, convirtiéndose en eso que tu crees que es un brillo...




Estaban tan juntos, que mientras se movía la aguja que marcaba los minutos, aguja que él no veía ya, sabían que nada podía pasarle a uno sin que le pasara a otro; que no podría pasarles nada si no eso; que eso era todo y siempre, el pasado, el presente y ese futuro desconocido. Lo que no ibana tener nunca lo tenían. Lo tenía ahora y antes y ahora, ahora y ahora. O ahora, ahora, ahora; este ahora único, este ahora por encima de todo; este ahora como no hubo otro, sino este ahora y ahora es tu profeta. Ahora y por siempre jamás. Ven ahora, ahora, porque no hay otro ahora más que ahora. Sí, ahora. Ahora por favor, ahora; el único ahora. Nada más que ahora. ¿Y donde estás tú? ¿ Y donde estoy yo? ¿ Y donde está el otro? Y ya no hay por qué; ya no habrá nunca por qué; sólo hay este ahora. Ni habrá nunca por qué, sólo este presente, y de ahora en adelante sólo habrá ahora, siempre ahora, desde ahora solo un ahora; desde ahora sólo hay uno, no hay otro más que uno;uno, uno, uno. Todavía uno, todavía uno, uno que desciende, uno suavemente, uno ansiadamente, uno gentilmente, uno felizmente; uno en la bondad, uno en la ternura, uno sobre la tierra (...)

Por quien doblan las campanas
Ernest Heminway

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Una estampa japonesa (Cuento con ventajas segundo agujero)

...el tiempo acusa a la memoria, y la memoria se somete al olvido, y el olvido hoy tenia sentido, el sentido que se le da a un recuerdo, caminaba por aquel camino que la llevaría a la cima de aquel monte en donde siempre se encontraba con el los días de primavera, donde aquellos ciruelos al fulgor de la primavera exponían sus mas bellas flores como presumiendo su divinidad, el viento soplaba suave como si atravezara la boquilla de un shakuhachi y delicadamente entonaba una melodía, no había mas en esa montaña solo ella y el recuerdo de aquellos ciruelos floreados en primavera, pero era invierno y un frió espinoso abrazaba fuertemente a aquella montaña y a sus arboles secos, vacíos de la caricia de los pétalos de las flores del pasado, esa mañana el cielo había dejado descubierta la cima de aquella montaña convirtiéndose en un espectro tórrido que giraba en torno a ella, su pasos la perseguian dejando un rastro en la nieve, su alma caminaba junto a ella como si se tratara de su sombra, pero aveces esta tropezaba y caía de rodillas  en el momento en el que sus recuerdos la atravezaban, los recuerdos en donde estaba él, pero ella estaba decidida a llegar hasta a aquel lugar que había  significado tanto para ellos y aunque su alma claudicara, ella llegaría a la cima de esa montaña y dejaría todo lo que era el en ella, todo lo que no querdia dejar de ser, para poder vivir, para seguir existiendo, los recuerdos calaban mas que el frió y se incendiaban dentro de ella, al compás de cada paso su memoria se inundaba de él, se revosaba de sus recuerdos, pero ella estaba decidida y en este lugar ella dejaria todo lo que el significaba en ella, en la cima cuatro arboles uno antes que otro, al llegar al primer árbol, decidió despojarse primero de su imagen que parecía haber sido grabada en los pliegues de su mente, de su hombro que tantas veces le sirvió de almohada, de su pelo que volaba al viento y aveces no, de su pecho que sabia ponerse al ritmo del suyo, de sus ojos que reflejaban el brillo del universo cuando la veía,  de sus manos que aprendieron a esculpirla, de su rostro que aveces aparecía en las nubes, de todo su cuerpo y de toda la materia que lo convertian en el y no en otro, a la sombra falsa de aquel árbol abandono su carne y sus huesos, unos ojos la siguieron viendo con una ternura desesperada, con una mirada capas de cortar el viento,  pero tenia que seguir adelante y cerro los ojos para seguir, camino varios pasos para llegar a el siguiente árbol donde se despojaría de las cosas que surgen, de los besos que aun palpitaban en sus labios, de sus abrazos que dormían junta a ella, de las caricias que hacían fila detrás de la puerta de su habitación, de las noches en que hacían el amor o el amor los hacia, de su manera de verla en la oscuridad embarrada de luna, de su mano unida a la de ella por si un día caía, de las noches interminables que aveces terminaban, de los sueños compartidos que continuaban con la rutina del día, de los amaneceres o de cualquier sinónimo de placeres, de las tardes ocre, purpura y marrón, de sus pasos por el mismo camino que hoy se le escurría, cuando sintió que había dejado todo lo que surge corrió para no ser alcanzada hasta el siguiente árbol, donde dejaría sus palabras aquellas que habían encontrado un refugio cálido en sus oídos, y que se habían refugiado en su corazón por mucho tiempo, aquellas palabras que retumbaban en su memoria, que activaban el mecanismo de las sonrisas y aveces también el de las lágrimas,  las palabras que se escribían derechas sobre renglones torcidos, aquellos renglones torcidos que se habían convertido en el pentágrama donde una orquesta de nostalgias y melancolías recitaban su canción, nostalgias que hablaban el idioma de los poemas, melancolías que navegaban en cuentos, pero no se trataba de solo dejar sus palabras ahí, porque estas siempre le perseguían a todas partes, así que encendió una fogata y las quemo, y aquel humo se fundió con la neblina susurrándole palabras de amor, camino con una sensacion de vació hasta el ultimo árbol ,que ondeaba sus ramas como dichoso de haber conquistado la cima de aquella montaña, con cierta nostalgia volteo hacia hacia atrás y se percato de que los tres arboles se llenaron de hojas marrón y de frutos color purpura que brillaban con la luz del sol, pero  ya solo tenia que despojarse de algo mas que el había dejado en ella y quizás lo mas importante, el amor, ese amor que había sido capas de sobrevivir a sus tormentas, a muchos intentos de olvido fallido, ese amor que intento mutilarse con ideas compradas en el mercado, ese amor que todas las noches se escurría por la ventana, caminaba por la alfombra, que trepaba por la cama y se funcionaba con sus sueños, ese amor que uno cree que no se merece,  así que llego hasta aquel árbol que había crecido a orilla del precipicio que ahora llamaremos agujero y se arrojo...




..Aquella noche nos habìamos acostado sin hablarnos. Yo estuve leyendo, no sè què, de reojo, veìa dormirse a Cecilia. Ella tenìa una expresiòn lenta, dulce, casi risueña, una expresiòn de antes , de cuando se llamaba Ceci, para la que yo habìa construìdo una imagen exacta aque ya no podìa ser recordada. Nunca pude dormirme antes que ella : Deje el libro y me puse a acariciarla con un gènero de caricia monòtona que apresura el sueño- Siempre tuve miedo de dormir antes que ella, sin saber la causa: aùn adoràndola , era algo asì como dar la espalda al enemigo_ No podía soportar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra, lùcida , absolutamente libre, viva aun.

El pozo
Juan Carlos Onetti

martes, 29 de noviembre de 2011

Una estampa japonesa (cuento con ventajas primer agujero)

La primera ventaja, es que cuando el cuento llega al final, no se acaba.
Sino que se cae por un agujero. Y el cuento reaparece a mitad del cuento.
Esta es la segunda ventaja, y la más grande. Que desde aquí se le puede
cambiar el rumbo. Si tú me dejas...Si me das tiempo...

...no podia apartar la mirada de aquel cuadro, un mundo flotante se avalanzaba hacia sus ojos como si de pronto fuera a caer frente a sus pies, los protagonistas cuatro arboles agobiados por un frio invierno o pensandolo bien un monte en medio de la nada acariciado solo por los vientos frios provenientes de un lugar sin nombre, o podria ser también la neblina que alumbraba de tremulos grises la decandencia de la belleza que plasmaban aquellas manchas de tinta, o mejor aun un cuadro sin protagonistas una pintura que no alardeaba de si misma, si no mas bien que lloraba su belleza, que exaltaba la desesperacion de un mundo sereno, la soledad de un tiempo sin tiempo, de un dia que parece tarde y se sospecha de mañana pero que asegura que no es noche, su rostro acariciado por la brisa de aquel viento incapas de mover las ramas secas de aquellos arboles, cuanta belleza en la desnudes de aquellos arboles, en el escape de sus ramas que apuntan hacia el cielo, y que estiran sus dedos alargados con la sabiduría de un viejo, en la nostalgia de tiempos de hojas, flores y quizas frutos, pero ahora en una desolación, como en el ocaso definitivo, como en el ultimo invierno que congela la mas remota oportunidad de vida, sus raíces escondidas quizás aferrandose a las rocas que los sujetaban a aquel monte y que les impedía volar, no se cansaba de mirar, por casualidad habia caido a aquel museo que tenia fama de no tener nada bueno, pero que ese dia exponian una serie de pinutras ukiyo-e, "las pinturas del mundo flotante" provenientes de Japon, por error o por necesidad del universo, algo o alguien la habia postrado frente a aquella pintura antigua de autor de desconocido y que nadie mas observaba, pero que habia sido capas de erizar su alma, y por lo que ahora se encontraba atrapada en el vació inmenso que se produce entre el asombro y la belleza, el tiempo acusa a la memoria, y la memoria se somete al olvido, y el olvido hoy tenia sentido, el sentido que se le da a un recuerdo, un camino se dibujaba en la montaña, oscuro renuente a la luz blanca que deambulaba por aquel lugar, un camino cansado quizás de nunca ser caminado, un camino que quizás sin pasos no tiene derecho a ser camino, pero un camino al fin, el la observaba desde lejos, tan lejos como puede apartarse uno del destello de una estrella, tan cerca como el fulgor de un rencuentro al compás de un abrazo, al verso trece de un soneto, al claro de luna, a la respiración antes de convertirse en suspiro, tan cerca y tan lejos, tan lejos de encontrar una palabra adecuada, tan cerca de no necesitarlas, en el cuadro una mancha, oscura, un error quizás del pintor desconocido, de aquel japones de Edo, que vivió en tiempos de nostalgia, donde los ciruelos  sabian hablar, y las montañas caminaban hacia algún encuentro, en donde las olas del mar se detenían a contemplar el cielo, y los dragones no dejaban de volar, en tiempos donde la madera se sentía acariciada y no mutilada, tenia tiempo que no la veía, en algún momento de su vida la había perdido, un día de esos que nacen sin despedida se fue, o un día de esos que amenacen con sus rayos de sol impregnados de adiós se marcho, lo cierto es que tenia tiempo sin verla, un tiempo relativo, un tiempo incontenible en ningún reloj, un tiempo inmune a las manecillas, o a cualquier recipiente con arena, un día dejaron de ser, un día la dejo de ver, aunque la siguió viendo todos los días, aunque sus ojos nunca le creyeron que ya no estaba, a pesar de que la memoria hizo lo propio para subsistir, y así pudo vivir, algunas veces su recuerdo llegaba por la noche, se escurría entre las cortinas, avanzaba por la alfombra sigilosamente, trepaba por su cama con ahinco, y le observaba con detenimiento hasta fusionarse con sus sueños, era el rostro de ella, aquel rostro que había atesorado tanto, aquella imagen que había guardado en el lugar mas oscuro de su ser y que empezaba a iluminarse, ella sumergida en la imperfección de aquella pintura tan inverosímil, pero a la vez tan real, tan contundente, el pincel se sumergía en la oscuridad de la tinta, unos trazos mas y la montaña que se encontraba frente a el seria inmortalizada en aquel pedazo de papel, en ella no existía ningun árbol, pero su tristeza le había obligado a adornar aquella montaña con algunos, y así lo intento, y el pincel con tinta negra empezó a dibujar lo que deberían ser unos bellos arboles, mas un pintor no puede pintar cosas que no estén dentro de su alma, y su alma sollozaba, la brisa le acariciaba el rostro, la misma brisa que había dibujado en aquella estampa y que cualquiera podría percibir, cuatro arboles secos y tristes se plasmaron en aquel dibujo, arboles que invitaban a la nostalgia, y que al verlos daba tristeza, arboles sobre la montaña, solos, sin hojas ni flores, como la mano de un esqueleto, arboles repletos de nada, solo de ausencia, una lagrima se escurrió de sus ojos, era su ultima lagrima para ella, atravesó lentamente su rostro, arrastrando todo a su paso, todo lo que era ella, ella la que ya no estaba, ella la que la que le enseño el idioma de los ciruelos, ella la que le dibujaba pies a las montañas, la que creía que las olas contemplaban el cielo, la que no dejaba descansar a los dragones, la lagrima recorrió sus mejillas, se separo en pequeñas lagrimas al pasar por sus bigotes, y al separarse de el encontró la tinta fresca de aquel dibujo, esparciéndola de tal forma que se convirtió en una mancha oscura, y de pronto frente a el en la montaña apareció un árbol frondoso, de hojas marrón y de flores color purpura, con frutos que brillaban con la luz del sol, el árbol mas hermoso que había visto en la vida, le había devuelto la sonrisa, ella aparcada en la oscuridad de una mancha, en una galería de la ciudad que tanto amaba del museo que hasta ahora desconocía, en un momento que quizás no debía de estar, recordándolo a el,   el observándola, debia de ser ella, la de otros tiempos en donde el amor parecía mas real, en donde todo parecía ser posible, en donde la piel sabia de caricias, y los labios aprendían a besar, pero ya había pasado mucho tiempo y este encuentro estaba fuera de lugar, el dolor había sido mucho, ella tuvo que mutilar parte de su corazón, y el casi pierde la razón, los motivos con el tiempo dejan de importar y aveces hasta se olvidan, pero lo real de estos dos es que realmente se amaron, se amaron tanto que no pudieron con ese amor y lo mataron, o al menos eso creían hasta ese día que se enteraron que una parte de ambos en ellos aun vivía, el la volvió a mirar con el amor que en el se encendía, pero con un gesto de despedida, se giro y se fue, ella se percato de que aquella mancha en aquel cuadro no solo era una mancha si no un agujero, y este cuento ahora cae en el para contarnos lo que debía ocurrir primero.



Había un filósofo chino que toda su vida se preguntó si era un filósofo chino que soñaba que era una mariposa o una mariposa que soñaba que era un filósofo...




La metamorfosis... La metamorfosis es algo extraordinario... Pienso sobre todo en la metamorfosis de las mariposas. Aunque sea algo maravilloso de observar, la transformación de la larva en crisálida, o de la crisálida en mariposa, no es una operación particularmente agradable para el sujeto en el que tiene lugar. Siempre llega un momento difícil en que la oruga se siente invadida por un extraño malestar. La sensación de estar apretado acá, al nivel del cuello, y también en otros lugares; y luego hay una picazón insoportable. Por supuesto, la oruga ya ha mutado varias veces, pero eso no era nada comparado con el cosquilleo y el hormigueo que siente ahora. Debe librarse de esa piel seca, demasiado estrecha, o morir. Lo han adivinado: debajo de esa piel se está formando la coraza de una crisálida, ¡y qué incómodo debe ser llevar una coraza debajo de la piel! Me refiero aquí especialmente a las mariposas con una ninfa dorada, cincelada, que se aferra a un soporte y se mantiene suspendida en el aire.


La sensación llega a ser tan horrenda que la oruga debe hacer algo. Sale en busca de un emplazamiento adecuado. Lo encuentra: se trepa a un muro o a un tronco. Se fabrica una pequeña almohadilla de hilo de seda que adhiere por encima a su perchita. Se cuelga de ella con la extremidad de su cola o sus últimas patas traseras, de manera de quedar boca abajo, como un signo de interrogación al revés; y allí se plantea la pregunta: ¿cómo hará para deshacerse de su piel? Una contorsión, otra más... y la piel se desgarra de golpe a lo largo de toda la espalda, y he aquí a la oruga que se deshace de ella moviendo los hombros y las caderas, como quien se libera de una ropa ajustada. Y entonces llega el momento más crítico. Supongamos que estamos suspendidos cabeza abajo, colgados de nuestro último par de patas. El problema consiste en evacuar la piel entera, incluida la de esas dos patas que nos mantienen suspendidos... ¿Cómo haremos para no caer durante la operación?


¿Y qué hace entonces ese animalito valiente y tenaz, ya medio despellejado? Muy meticulosamente empieza a liberar sus patas traseras retirándolas de la almohadillita de seda de la que cuelga invertida, y luego, con una sacudida y una torsión admirables, da una suerte de salto que le permite desprenderse de la almohadilla, al mismo tiempo que suelta un último chorro de hilo de seda y enseguida, en el mismo movimiento, vuelve a sujetarse con un ganchito ubicado bajo la piel que ya se ha quitado de encima, en el extremo de su cuerpo. Ahora, gracias a Dios, ha perdido toda su piel, y esa superficie desnuda, dura y reluciente es la ninfa, una suerte de bebé fajado agarrado a la ramita; y qué hermosa es esa crisálida toda tachonada de oro, con sus élitros blindados. Comienza entonces una fase que dura entre algunos días y algunos años. Recuerdo haber conservado en una caja, siendo niño, una ninfa de esfinge durante unos siete años, lo que significa que la cosa permaneció dormida durante todos mis estudios secundarios. Finalmente hizo eclosión, pero lamentablemente fue durante un viaje en tren. Un hermoso ejemplo de irracionalidad, después de todo ese tiempo... Pero volvamos a nuestra ninfa de mariposa.


Después de dos o tres semanas, algo empieza a producirse. La ninfa está suspendida, absolutamente inmóvil, pero un día notamos un cambio: a través de los élitros, varias veces más pequeños que las alas de un insecto formado, bajo la textura córnea de cada uno de ellos, vemos cómo se transparentan las líneas en miniatura del ala que ha de nacer, el adorable rubor del fondo, un esbozo de contorno negro, un ocelo rudimentario. Uno o dos días más y la metamorfosis final tiene lugar. La ninfa se desgarra como se había desgarrado la oruga, en la gloria de una última mutación, y la mariposa se escabulle hacia el exterior y se queda suspendida de laramita para secarse. Al principio, toda húmeda y arrugada, no es muy linda que digamos. Pero esos accesorios fláccidos que liberó pronto empiezan a secarse, a crecer, sus vénulas se ramifican y endurecen, y en no más de veinte minutos la mariposa está lista para volar.


(...) Se preguntarán ustedes qué se siente en el momento de la eclosión. Seguro que hay una ráfaga de pánico que sube a la cabeza, una extraña excitación que ahoga, pero luego los ojos se abren y ven, y en un aflujo de luz la mariposa ve el mundo, ve el rostro enorme y terrible del entomólogo boquiabierto.


Ahora pasemos a la transformación de Jeckyll en Hyde.

Las mariposas
Vladimir Nabokov

lunes, 21 de noviembre de 2011

Remedios

...de la luz que nace rosando el rostro de una mañana, al suspirar el viento convirtiéndose en neblina, que acaricia el tiempo y a la vez nos reclama, que hay que voltear mas seguido al cielo, que la noche aveces esta llena de estrellas, que el silencio y el sonido viajan por la noche disfrazados de centellas, que la luna y el sol siempre nos deparan algo bello, que no hay pintura mas hermosa que la que se pinta en el cielo, que si alguien esta enfermo de amor, respire mar, que si esto le causa dolor que tome un poco de cielo, y que si para esto ya no hay remedio, que se tome dos estrellas y media, una para la oscuridad, otra para el delirio y la otra mitad para que se vaya con ella o el o con quien sea, no hay mejor remedio que una estrella fugaz en el cielo nocturno, un mar al son de la luna, miles de estrellas jugando a las luciérnagas y una tarde para contemplar, si un hueco en tu alma se empieza a asomar, apaga la luz, enciende un sueño para que el silencio te abracé, y la oscuridad te acaricie, para lo que tenga que pasar que pase y por fin se vaya lo que tenga que irse, no se trata de rendirse, ni de despedidas ahogadas, si no de vaciar las noches cansadas y de desaparecer los días grises...




¡Recibe en la frente este beso!

Y, por librarme de un peso

antes de partir, confieso

que acertaste si creías

que han sido un sueño mis días;

¿Pero es acaso menos grave

que la esperanza se acabe

de noche o a pleno sol,

con o sin una visión?

Hasta nuestro último empeño

es sólo un sueño dentro de un sueno.



Frente a la mar rugiente

que castiga esta rompiente

tengo en la palma apretada

granos de arena dorada.

¡Son pocos! Y en un momento

se me escurren y yo siento

surgir en mí este lamento:

¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo

retenerlos en mis dedos?

¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera

salvar uno de la marea!

¿Hasta nuestro último empeño

es sólo un sueño dentro de un sueño?

Un sueño
Edgar Allan Poe

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El camino a la luna

...caminaba absorto por la orilla de una playa en la sublevación de un mar olvidado, olvidado por las gaviotas, por los pelicanos, por la gente que solía visitar aquel costado del mar solitario, sin las huellas de la melancolía de aquellos que suelen arrojarse a la tristeza, de la gente que busca consuelo en el vaivén de las olas, en el susurro del viento, en la inmensidad de un cielo estrellado reflejado en el mar, pero ahí no había nadie, solo yo el mar y la luna, pero aquella luna no era cualquier luna algo la había sonrojado, por alguna razón había cambiado de piel, roja o naranja o lo que surge de la mezcla de ambos colores, parecía estarse incendiando, como si imitara al sol en una hermosa tarde, pero la luna no esta hecha para los ocasos, es la noche donde ella reina y aquella noche no había astro mas hermoso en aquel cielo de estrellas que guiñen los ojos y que brincan de un lado a otro arrastrando su cola, tanto para sublimar el alma, tanto para ensanchar el corazón, ese corazón entristecido por el recuerdo de alguien que ya no esta, alguien que se había marchado, dejando una estela de tristezas en mi vida, la luna se asomaba por el mar como si hubiera estado embriagandose con lava y fuego, un camino rojo se dibujo en medio del mar, frente a mis ojos, el reflejo rojo de la luna lo atravesaba formando un hermoso camino carmesí que llegaba hasta las faldas de la luna, una sensación extraña invadió mi cuerpo algo en mi me decía que ese camino era real, que si de pronto empezaba a caminar por el sin duda llegaría a la luna, pero la razón no me permitia creer, el lugar de la luna es el cielo y no al final de este camino, aunque mis ojos y mi corazón digan lo contrario, entonces camine hacia un lado con el fin de evadir el camino o mi imaginación o que se yo, pero el camino parecía seguirme como si realmente quisiera ser caminado, entonces pensé que puede pasar si lo intento, no todo en el mundo puede estar hecho de realidad, el mundo tiene derecho a cosas fantásticas quizás los hombres tenemos derecho a algo fantástico en nuestra vida, a algo irreal, a algo que se aleja de lo conocido y mas bien parece un sueño entonces comencé a caminar por la arena casi convencido de que solo mojaría mis zapatos y si realmente era intrépido toda mi ropa, pero mi momento fantástico de la vida era este y el camino realmente existía y si era rojo brillante y por debajo de el pasaban peces rojos que quizás eran de otros colores, mi incredulidad se convirtió en una asombro alimentado por la belleza de aquel momento en que un camino rojo me llevaba hasta la luna, pero ¿cuanto tendría que caminar para llegar a ella?,  cuando empecé a caminar la luna lucia mas grande, pero poco a poco parecía hacerse mas pequeña y el camino mas estrecho entonces apresure el paso, peces con alas de arcoiris brincaban de un lado a otro frente a mi y algunos delfines parecían acompañarme en mi travesía, pero la luna en vez de parecer mas cerca se alejaba y su color rojo poco a poco se se difuminaba en un plateado brillante, pensé en detenerme y desistir porque cada vez el camino seria mas estrecho y terminaría en una cuerda floja y quizás caería en medio del mar y por lo que recordaba yo ni nadar sabia, entonces me vino a la mente el recuerdo de aquella persona que poco a poco se alejaba de mi cuando yo mas me acercaba a ella, aunque ella también cambiaba y recordé que lo que hice fue dejar de caminar hacia ella por temor a ahogarme y ella cada cada vez se alejo mas de mi hasta que un día ya no pude verla, ahora entiendo que debí haber caminado por aquella cuerda floja que de el otro lado me esperaba una luna hermosa capas de poder hincar mi alma ante su belleza, el camino se hacia mas delgado y su recuerdo mas grueso hasta que de pronto no hubo mas camino, pero ¿que creen? al final del camino me encontré una escalera...



Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.

¡Claro que lo sé –exclamó el viejo Qfwfq–, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio –noches claras como de día, pero con una luz color manteca– parecía que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parecía a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse allí anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las órbitas, y la inclinación de no recuerdo qué; además, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los había a cada rato, imagínense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.

¿La órbita? Elíptica, naturalmente, elíptica; por momentos se nos echaba encima, por momentos remontaba vuelo. Las mareas, cuando la Luna estaba más baja, subían que no había quien las sujetara. Eran noches de plenilunio bajo bajo y de marea alta alta y si la Luna no se mojaba en el mar era por un pelo, digamos, por pocos metros. ¿Si nunca habíamos tratado de subirnos? ¡Cómo no! Bastaba llegar justo debajo con la barca, apoyar una escalera y arriba.

El punto donde la Luna pasaba más bajo estaba en mar abierto, en los Escollos de Zinc. Ibamos en esas barquitas de remos que se usaban entonces, redondas y chatas, de corcho. Éramos varios: yo, el capitán Vhd Vhd, su mujer, mi primo el sordo y a veces la pequeña Xlthlx, que entonces tendría doce años. El agua estaba aquellas noches tranquilísima, plateada que parecía mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no podían resistir a la atracción de la Luna y salían todos a la superficie, y también pulpos y medusas de color azafrán. Había siempre un vuelo de animalitos menudos –pequeños cangrejos, calamares y también algas livianas y diáfanas y plantitas de coral– que se despegaban del mar y terminaban en la Luna, colgando de aquel techo calcáreo, o se quedaban allí en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyentábamos agitando hojas de banano.

Nuestro trabajo era así: en la barca llevábamos una escalera; uno la sostenía, otro subía y otro le daba a los remos hasta llegar debajo de la Luna; por eso teníamos que ser tantos (sólo he nombrado a los principales). El que estaba en la cima de la escalera, cuando la barca se acercaba a la Luna gritaba espantado: "¡Alto! ¡Alto! ¡Me voy a pegar un cabezazo!" Era la impresión que daba viéndola encima tan inmensa, tan erizada de espinas filosas y bordes mellados y dentados. Ahora quizá sea distinto, pero entonces la Luna, o mejor dicho el fondo, el vientre de la Luna, en fin, la parte que pasaba más arrimada a la Tierra hasta casi rozarla, estaba cubierta de una costra de escamas puntiagudas. Al vientre de un pez se parecía y también el olor, por lo que recuerdo, era si no exactamente de pescado, apenas más leve, como de salmón ahumado.

...

... Ahora me preguntarán ustedes qué diablos íbamos a hacer en la Luna, y les explico. Ibamos a recoger leche, con una gran cuchara y un balde. La leche lunar era muy densa, como una especie de requesón. Se formaba en los intersticios entre escama y escama por la fermentación de diversos cuerpos y sustancias de origen terrestre, procedentes de los prados y montes y lagunas que el satélite sobrevolaba. Se componía esencialmente de: jugos vegetales, renacuajos, asfalto, lentejas, miel de abejas, cristales de almidón, huevos de esturión, mohos, pollitos, sustancias gelatinosas, gusanos, resinas, pimienta, sales minerales, material de combustión. Bastaba meter la cuchara debajo de las escamas que cubrían el suelo costroso de la Luna para retirarla llena de aquel precioso lodo.


viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Cuando? Otro fin del mundo antes del fin del mundo.

...amanecí pensando en aquella noticia que había escuchado antes de dormir, el mundo acabara a las 11:00 AM del día 11 del mes 11 del año 2011, un sentimiento de nostalgia se apodero de mi, que tal si aquellos matemáticos que aludiendo al significado del 11111111 en binario significaba el comienzo del fin del mundo, que tal si alguien de esos que siempre son tomados por locos este día acertara y realmente hoy a las 11:11 el mundo terminara, no puede ser que hoy sea el fin del mundo aun tengo muchas cosas que hacer, pero ¿Por qué tengo tantas cosas que hacer? Eso no debería de estar bien uno siempre debería de estar listo para el fin del mundo y no tener tantas cosas para hacer, pero he dejado muchas cosas para después, tantas que algunas ya hasta las he olvidado, recuerdo cuando tenía siete años prometí declararle mi amor a aquella niña que tanto me gustaba, pero no lo hice y ella se fue y nunca la volví a ver, recuerdo también haber prometido que algún día viajaría por el mundo sin dejar nada atrás pero nunca tuve tiempo para ello, o la ves que prometí un fin de año que haría algo bueno por el mundo, pero lo más bueno que pude hacer no fue ni tan bueno para mí, aun tengo que pasar por la ropa a la lavandería realmente tenía que pasar por ella desde el lunes, aun tengo que darle mis condolencias a ese amigo que perdió a su papa hace un año, aun tengo que hacer ejercicio como lo prometí el viernes de cada semana, aun tengo que sacar al perro a pasear, lleva seis meses en el patio de atrás, ¿estará aburrido? Aun tengo que hacer una llamada a mis padres estarán bien, ¿Cómo les habrá ido con el huracán?, y que pasaría con las cataratas de mi abuelita, con la nueva hija de mi primo, con mi tía que enviudo hace poco, ¿mi sobrina ya habrá aprendido a hablar? cuando saldré a brincar en la lluvia, o volveré a andar en bicicleta creyendo que los caminos son infinitos, ¿cuando me daré tiempo para creer en el amor?, ¿cuando le diré a ella que la amo?, ¿Cuándo le diré a mis hermanos cuanto los quiero? ¿Cuando le pediré perdón a mi amigo?, ¿cuándo terminare de leer aquel libro que empecé hace dos años?, ¿cuándo terminare de escribir la novela que siempre soñé?, ¿cuándo llorare lo suficiente y reiré lo necesario?, ¿Cuándo viviré más de lo que trabajo? ¿Cuándo seré doctor si soy ingeniero? ¿Cuándo sembrare un árbol para verlo crecer? ¿Cuándo tendré un elefante que se llame firulais? ¿Cuándo me aventare del Bunge? ¿Cuándo escalare una montaña? ¿Cuándo descubriré lo que hay debajo de mi cama? ¿Cuándo construiré un iglú en mi patio? ¿Cuándo tendré patio? ¿Cuándo conversare con un indigente? ¿Mis ahorros servirán de algo en el fin del mundo? ¿Cuándo ahorrare? ¿Cuándo hare todo esto que aun tengo por hacer? De pronto voltee hacia el despertador y no podía creer lo que estaba viendo, eran las 12:16 minutos de la tarde del día 11 del mes 11 del año 2011 otra vez me he despertado tarde…




"Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre latia en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbolico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedo rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.
(...)
Se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto. El rostro de la joven, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal de leche con una luz suave y constante en su interior. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿Qué? Sino la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela."

Fragmento "Farenheit 451",
Ray Bradbury

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Que pasara?

...¿Que pasara? cuando de pronto un silencio te encuentre  en la oscuridad de una habitación con una soledad incompleta, cuando el cuerpo cotidiano se convierta en extraño, que pasara por tu cabeza cuando la luna no sea suficiente para llenar tu alma, de que forma latirá tu corazón cuando en un suspiro empiecen a flotar los recuerdos, cuando tu piel haga memoria, cuando tus sentidos dejen escapar los sentimientos, que pasara cuando no haya mas espacio en tu pecho para el amor reprimido, y cuando tu cabeza ya no te crea y el olvido se canse de mentir, que pasara cuando un día cualquiera en un atardecer cualquiera la melancolía te inunde y tus ojos se desborden, que pasara aquellas noches en que los sueños te traicionen y las madrugadas tarden en venir, que pasara cuando tus manos se sientan solas, cuando el otoño se haga eterno, y el verano un poco infierno, cuando al cielo estrellado le falte una estrella, cuando la luz se apague sin nosotros, y se vayan borrando nuestros rostros, cuando ya solo sea una silueta, un nudo en la garganta, un dolor en el corazón, un recuerdo sin pasado, cuando nuestras voces se convierten en un eco viejo y triste, y nuestro aliento en la neblina que una mañana se extinguio y nuestros besos en la ultima silaba de un adios, ¿como sera el mundo sin los dos?



Cuando no estes


Cuando no estés, si es que no estás un día,

mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

oirás mi voz en un rumor que pasa.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

clamaré por tu gracia en toda gracia.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

moverá mi perfil la luna fría

en las cortinas que hay en tu ventana.



Cuando no estés, si es que no estás un día

sólo oiré en las palabras tu palabra.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

verás mi sombra entre la sombra fría

junto a la cabecera de tu cama.



Cuando no estés, si es que no estás un día

en cada verso mío habrá una lágrima.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

me sentirás bajo la tarde fría

llegar a ti en el son de las campanas.



Cuando no estés, si es que nos estás un día,

te buscaré en la tierra, el aire, el agua.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

oirás mi paso entre la sombra fría

siguiéndote los pasos por la casa.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

te inventaré en el humo y en la llama.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

sorprenderá la madrugada fría

mi mano en tu cabeza despeinada.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

te invocará en el sueño mi esperanza.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

en tu sueño entraré en la noche fría

cuando el sueño te cubra con sus aguas.

Cuando no estes.
Córdoba Iturburu

viernes, 4 de noviembre de 2011

El anhelo y el deseo

...el ahora se vuelve ayer, los minutos crecen en horas, las palabras pueden convertirse en poemas, los pensamientos en recuerdos, los besos en suspiros, los abrazos en anhelos, el amor en deseo, el ayer ya no es ahora, el ahora anhela recuerdos, los recuerdos una vez fueron memorias, las memorias dejaron de ser anhelos, los anhelos escriben poemas, los poemas describen el pensamiento, el pensamiento causa suspiros, los suspiros vienen con el deseo, el deseo de tus besos y tus besos ahora son memorias, del recuerdo de un ayer, cuando los minutos se convertían en horas, las palabras en suspiros, los pensamientos en poemas, poemas llenos de anhelos, tus anhelos mi deseo y deseo tu amor…



Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación.

He aquí la prueba:

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo



El silencio de las sirenas

Franz Kafka, Praga, 1883 - Kierling, Austria, 1924


viernes, 28 de octubre de 2011

Mientras dormia

...un ausente callado presente, se encontró con un triste silencio pasado, a luz de una horilla vacía, una izquierda sin ti a mi costado, y apague la luz para no ver tu ausencia, y encendí el dolor para la auto complacencia, coloque mis ojos en el techo, arroje mi cuerpo al hastió de un sueño, aparque las manos en mi pecho, y repase las cosas que no tienen dueño, mientras contemplaba un recuerdo suicida que recitaba el fin de una poesía en las que las letras ya no se escribían, camine las sendas de otro mundo, suspire las memorias que surgían de una nada llena de todo, de todo lo que ya no existía y el silencio se volvió melodía, y los recuerdos flores marchitas, y tu ausencia una fuente llena de hojas secas, y yo un árbol que de pie moría, mas desperte sin despedida, sin adios, sin ti y sin mi vida...




Ahora sólo me queda buscarme de amante
la respiración.
No mirar a los mapas, seguir en mí mismo,
no andar ciertas calles,
olvidar que fue mío una vez cierto libro.
O hacer la canción.
Y decirte que todo esta igual:
la ciudad, los amigos y el mar,
esperando por ti,
esperando por ti.

Sigo yendo a Teté semana por semana
¿te acuerdas de allá?
Hoy habló de fusiles despidiendo muertos.
Yo sé que ella me ama,
es por eso tal vez que te siento en su sala,
aunque ahora no estás.
Y se siente en la conversación,
o será que tengo la impresión,
de la ausencia y de ti,
de la ausencia y de ti.

No quisiera un fracaso en el sabio delito
que es recordar.
Ni en el inevitable defecto que es
la nostalgia de cosas
pequeñas y tontas como en el tumulto
pisarte los pies.
Y reír y reír y reír,
madrugadas sin ir a dormir,
sí, es distinto sin ti.
Muy distinto sin ti.

Las ideas son balas hoy día y no puedo
usar flores por ti.
Hoy quisiera ser viejo y muy sabio y poderte
decir lo que aquí no he podido decirte,
hablar como un árbol
con mi sombra hacia ti.
Como un libro salvado del mar,
como un muerto que aprende a besar,
para ti, para ti,
para ti, para ti.

De la ausencia y de ti.
Silvio Rodriguez

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Porque lloran las ranas?

...mama, mama ¿porque lloran las ranas? - insistía Pedrito en su pregunta mientras jalaba la falda de su mama.

-Lloran porque va a llover.

-¿No les gusta la lluvia?

-No.

-¿Porque?

-porque no les gusta extrañar.

-¿extrañar a quien?

-A la lluvia

-¿Pero porque la van a extrañar si va a llover?

-Porque no quieren que se vaya.

-Que complicadas son las ranas. -pensó Pedrito.



Paso que pasa
rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
despues y solo
solo y después
seguro que me olvido


Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
te quiero
te quiero sólo dos
o tres minutos
para conocerte más
no tengo tiempo.


Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

Ella que pasa
Mario Benedetti

viernes, 7 de octubre de 2011

Acerca de la historia del Reloj Cangrejo

...amigos yo realmente no se quien lee este blog o quien no mucho menos quien sigue mis historias, pero bueno al menos se de uno o dos o tres que lo hacen y me comentan y me preguntan y también me alientan a seguir escribiendo, bueno les platico algo la historia del reloj cangrejo comenzó siendo en mi mente un cuento, pero me sucedió algo extraño cuando comencé a escribirlo las letras empezaron a surgir de mis manos, en mi mente se dibujaban escenarios y situaciones que poco a poco fui plasmando en esta historia, cuando menos acorde ya tenia casi cincuenta cuartillas de esto que iba a ser un cuento y que les platico ya se ha convertido en novela, sigo escribiéndola y siguen brotando de mis manos las letras que alimentan esta historia que créanme de alguna manera les dejara algo bonito, he decidido suspender la publicación de la misma en mi blog ya que me gustaría que esta se convirtiera en un libro con hojas de papel autentico, no tengo intención alguna de hacer algo comercial con ella si no mas bien regalársela a los que la quieran, en diciembre creo yo la estaré terminando, esto claro si las letras siguen acudiendo a mi, si alguien llega a querer la versión impresa, con gusto por esas fechas se las haré llegar en donde quiera que estén, solo pídanla en un comentario, bueno eso era todo me causa felicidad saludarles ya que nunca uso este blog para hablar en primera persona con las palabras del Pedro que vive y sueña, la vida es sumamente hermosa saben...


Atentamente
Pedro Godinez

Instrucciones para el olvido

...apaga la luz, hazte amigo de un silencio, cierra los ojos y olvida al tiempo, empaparas tus mejillas tal vez hasta las rodillas, se escurrirá una lagrima, quizás dos o un millón, aprieta la garganta para que no salga su nombre, muérdete los labios para que no la nombren, desnuda tus recuerdos pero no les hagas el amor, siente como el frio se parece al calor, amanece unas mil veces pero anochece solo una, que la tristeza siempre elige a la luna y no al sol, procura evitar las tardes, los momentos, la melancolía, aférrate al momento en que ya no te dolía, amputa las caricias de tus manos, arranca la sensación de tu piel, que el amor se lo coman los gusanos, y que sus besos se conviertan en hiel, piensa en las cosas malas algunas ha de tener, si no invéntale granos en la nariz o en el pie, no hagas caso al ayer, suele ser muy traicionero, lo que fue ya no lo es aunque haya sido primero, y si nada de esto sirve puedes cambiar tu corazón, pero yo te recomiendo que primero intentes con el cerebro…




Queda prohibido llorar sin aprender,


levantarte un día sin saber que hacer,

tener miedo a tus recuerdos.



Queda prohibido no sonreír a los problemas,

no luchar por lo que quieres,

abandonarlo todo por miedo,

no convertir en realidad tus sueños.



Queda prohibido no demostrar tu amor,

hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.



Queda prohibido dejar a tus amigos,

no intentar comprender lo que vivieron juntos,

llamarles solo cuando los necesitas.



Queda prohibido no ser tú ante la gente,

fingir ante las personas que no te importan,

hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,

olvidar a toda la gente que te quiere.



Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,

no creer en Dios y hacer tu destino,

tener miedo a la vida y a sus compromisos,

no vivir cada día como si fuera un ultimo suspiro.



Queda prohibido echar a alguien de menos sin

alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,

todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,

olvidar su pasado y pagarlo con su presente.



Queda prohibido no intentar comprender a las personas,

pensar que sus vidas valen mas que la tuya,

no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.



Queda prohibido no crear tu historia,

no tener un momento para la gente que te necesita,

no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.



Queda prohibido no buscar tu felicidad,

no vivir tu vida con una actitud positiva,

no pensar en que podemos ser mejores,

no sentir que sin ti este mundo no sería igual.


Queda prohibido
Pablo Neruda

jueves, 6 de octubre de 2011

Cuanto soñaba con Otoño


…cuanto soñaba con otoño, con las hojas amarillas, con los arboles desnudos, con tu mano unida a la mía, cuanto soñaba atravesar el día, con un cielo anaranjado en el atardecer del año, cuanto te extraño, este otoño sabe a invierno de un ayer que ya no quiero, un sin ti que ya no puedo, un vacio, un agujero, quizás también un réquiem, yo no sé si esto está bien, con mi afán de caer también, como las hojas que se cansan de ser, como los arboles que se tiran al suelo, no es mentira ni es consuelo, que hoy estoy en pleno duelo, por las luces que se apagan, por rendirme ante tu pelo, este otoño es sincero, es sin ti y es sin mí,  es cobarde y embustero por saber que te perdí, cuanto sueño con otoño como mis manos sueñan por ti…



En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto
del recuerdo.
Asombra a veces que el fervor del tiempo
vuelva,sin cuerpo vuelva,ya sin motivo vuelva;
que la belleza, tan breve en su violento amor
nos guarde un eco en el descenso de la noche.


Y así, que más que estarse con los brazos caídos,
el corazón amontonado y ese sabor de polvo
que fue rosa o camino.
El vuelo excede el ala.
Sin humildad, saber que esto que resta
fue ganado a la sombra por obra de silencio;
que la rama en la mano,que la lágrima oscura
son heredad, el hombre con su historia,
la lámpara que alumbra.

Resumen de Otoño
Julio Cortázar

viernes, 30 de septiembre de 2011

Todo

...todo se rompe, todo se quiebra, todo un día se convierte en tiniebla, en oscuridad, en penumbra, todo se se derrumba, se caen las estrellas, se secan los mares y las flores mas bellas, también el silencio, y que decir del tiempo, se pierden los momentos, se extravían las pisadas, se olvidan los recuerdos, las noches y las albas, las lunas y las alboradas, todo un día se acaba, termina y concluye, todo se destruye y poco se transforma, cuando la vida se conforma, cuando el presente se vuelve nada, cuando la soledad queda varada en la contemplación de tu mirada...



“La rayuela se juega con una piedrecita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrecita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrecita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrecita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrecita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrecita y la punta de un zapato”.

martes, 27 de septiembre de 2011

El reloj cangrejo (V)


La intensa luz había encandilado los ojos de Livier, pero conforme las imágenes volvían a su mirada, la fascinación y la incredulidad se apoderaban de su conciencia. Frente a ellos se vislumbraba un hermoso campo de girasoles, grandes y pequeños brillantes como estrellas que oscilan en el viento del universo, una mezcla agresiva de amarillos, verdes y marrones, con un cielo azul de nubes blancas retocadas, en el se respiraba un aire fresco perfumado por la brisa de algún mar cercano, los rayos de sol se estrellaban en los pétalos de cada girasol como en una armonía estelar, como si realmente el sol acariciara a cada uno de ellos personalmente, si la belleza tenia lugares preferidos este quizás era uno.

¿Dónde estamos? Pregunto Livier al extraño hombre, tú más que nadie deberías saber dónde estamos contesto.

Un gesto de duda se dibujo el rostro de Livier, pero lo que decía el hombre extraño era muy cierto.  Y como si hubiese recordado algo empezó a correr rápidamente hacia un árbol que sobre salía de aquel campo de girasoles, avanzo ágilmente entre aquellas plantas con caras de sol, sintiendo como el viento chocaba con sus rostro que también había rejuvenecido junto con sus piernas, y conforme se iba acercando fue alentando al paso hasta acercarse caminando a pasos cortos a la sombra de aquel árbol, y ahí estaba ella sentada en el pasto, peinando los risos dorados de su cabellera, que sin duda hacia juego con los rayos que se estrellaban en los pétalos de las flores de aquel campo, su rostro fresco e inocente adornado por la combinación del rosa de sus mejillas y el azul profundo de sus ojos, dos grandes pestañas atesoraban esos ojos, como resguardando la belleza de dos manantiales vírgenes, su nariz de filo perfecto como la cima de una montaña en la contemplación de un horizonte, y sus labios rojos como el corazón de un durazno, llevaba un vestido color carmín, con un pequeño moño atrás y un fondo blanco que tocaba sus tobillos, una belleza inocente, pura y fresca digna del amor de cualquier ángel, y de la fascinación de cualquier ser divino. Mientras él se escondía detrás de los girasoles, hipnotizado con el movimiento de sus manos al peinarse, con su corazón galopando pero al mismo tiempo estacionado en un suspiro que parecía perpetuo. Era ella sin duda, Deliry Gretel.

De pronto sintió la presencia del extraño hombre detrás de él. Y le pregunto si realmente había muerto y se encontraba en alguna especie de paraíso. Pero él le contesto que no que todo en aquel lugar era real menos él. Livier estaba aun más sorprendido. Como era posible que todo en aquel lugar fuera real si este era un recuerdo suyo de muchos años atrás, que Deliry ahora estaba muerta, que él era solo un viejo solitario en una silla de ruedas, y que el tiempo ya había pasado. Pero el hombre le volvió a decir que esto no era un recuerdo y le mostro un ejemplo, apunto hacia un girasol que era sobre volado por una abeja y le pregunto si lograba ver a la abeja volando encima del girasol, Livier contesto que si, después le mostro otro girasol, y le pregunto si veía la catarina que paseaba por el tallo de otro girasol, Livier asintió, ahora agacha tu mirada hacia el suelo, ves aquella fila de hormigas que se dirigen una a una hacia su hormiguero, si contesto Livier, ¿Tú crees que tu recuerdo sería capaz de recordar tales detalles?. Esto no es un recuerdo tuyo esta es la realidad, lo único que no es real aquí somos tu y yo.

-¿Ella puede verme?

-No porque no eres real.

-¿En dónde estamos?

-En el pasado.

De pronto llego un joven corriendo, cargando un cesto lleno de fresas, y se sentó junto a ella, el era delgado y su cara era afilada tapizada de pecas, y un pelo bien peinado, vestía un pantalón café y una camisa blanca, y ambos empezaron a conversar, Livier no lograba escuchar lo que platicaban y realmente no lo recordaba pero la escena transcurría a pesar de eso, y entonces se convenció de que realmente esto no era un recuerdo si no el mismo pasado que transcurría frente a sus ojos.

El pasado no deja de ser aunque no lo recordemos, el pasado es la confirmación de la realidad, inequívocamente es algo que ya fue, algo que ya paso, algo que comprobó su existencia al convertirse en pasado. La realidad del ayer es una realidad completa, es una verdad consumada, el presente se escribe al instante pero al instante se convierte en pasado, y el futuro simplemente es un deseo, es donde vive lo que aun todavía no existe, y no guarda nada de certeza en sí, como puede ser y como no, pero el pasado es y fue y siempre será aunque no logremos recordarlo.

Ambos comían la misma fresa hasta tocar sus labios, Livier logro recordar la humedad de aquellos labios, la frescura de aquel rostro inocente sumergiéndose en su rostro, las primeras palpitaciones del deseo y la inocencia, se tendieron al suelo abrazados, contemplando los rayos de sol que esquivaban las hojas del árbol que les cubría y que era testigo de un amor puro, un poco de luz, un poco de cielo y ellos ahí tendidos en la alfombra de hojas secas que el universo había tendido para ellos, ella se acurrucaba en su regazo, mojando de amarillo sus profundos ojos azules al ver la danza de los girasoles al ritmo del viento, él la miraba fijamente, convencido de que no existía algo en el mundo más bello que ella, sus ojos cafés se encendían con su brillo, su corazón celebraba dentro de su pecho al amor, y ese amor se podía respirar en el aire.

Una lagrima se escurrió del rostro de Livier,  este había sido el ultimo día en que el la había visto bien, días después ella enfermo de leucemia, y su vida poco a poco fue marchitándose como aquel campo de girasoles en el invierno, y ese mismo invierno ella murió.

La escena debajo del árbol en el campo de girasoles transcurría pero el ya no quiso mirarla ya que aquel recuerdo extrañamente se había convertido en una mezcla de tristeza y felicidad que le causaba un gran dolor.

-¿Qué pasara? Pregunto al hombre.

-Pasara lo que ya sabes que paso.

¿Y porque me has traído hasta acá para volver a ver esto?

Yo no te traje, tú te has traído a ti mismo.

-Tú eres quien tiene el reloj.


-¿El reloj?

Cuando recordó que en su bolcillo guardaba el reloj que el abuelo le había regalado.

-Si el reloj cangrejo.



                                                      A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo


sábado, 24 de septiembre de 2011

El ajolote (Una historia mas del fin del mundo)

...año 1521

El Huey Tlatoani y su Cihuacóatl habían tomado una decisión, las profecías se habían cumplido y Huitzilopochtli jamás se equivocaba, al aire olía a muerte y si alguien conocía la muerte era él, los sacrificios ya no eran suficiente para los Dioses y los sacerdotes anunciaban el fin del imperio, el Dios blanco regresaba a tierras Mexicas y con él la hecatombe final.

La llamada del quinto sol estaba cerca, los blancos habían encontrado aliados en sus enemigos, las estrellas se alineaban sobre Tenochtitlán condenando también a aquel pueblo, no quedaba más que hacer, todo estaba en su contra. Los Dioses y los astros les habían dado la espalda, y el final solo era cuestión de tiempo.

El Huey Tlatoani mando a traer a Tonahuac, ex sacerdote condenado a muerte por difamar a los Dioses y por prácticas oscuras en contra de sus creencias.

Tonahuac, que cuyo nombre significa "único de luz", se había retirado desde niño de las tierras aztecas, nadie supo nunca hacia donde se había ido y mucho menos donde estuvo, pero lo cierto es que regreso siendo un hombre muy sabio y pronto se convirtió en sacerdote, pero sus prácticas y costumbres no eran comunes a los sacerdotes de esos tiempos y mucho menos a su religión, gente le había visto convertirse en un tecolote por las noches, otros lo habían visto transfigurarse en un coyote, y muchos hablaban de que podía volar como un ave, que era capaz de hablar con las serpientes. Todos estos eran rumores hasta que un día cuando discutía con otros sacerdotes reunidos en el templo se enfureció tanto que frente a todos se transfiguro en un jaguar que amenazo a todos con sus dientes y garras, esto fue condenado por los demás sacerdotes ya que se ofendía a la imagen de Tezcatlipoca el dios jaguar amo y señor de las sombras, entonces fue atrapado y condenado a muerte.

Pronto lo trajeron hasta los aposentos del Huey Tlatoani pidió a todos que los dejaran a solas y empezó a platicar con él.

-La gente blanca y nuestros enemigos están a punto de llegar al templo, el final está cerca.

-Lo sé.

-¿Podemos hacer algo para que esto cambie?

-No

-¿Tu puedes hacer algo?


-Tu muerte es inevitable, y la de todos los que estamos aquí también, he visto el futuro y esto es una certeza, así como también el fin de nuestra raza. Los blancos nos traerán nuevos Dioses y nos obligaran a adorarlos, mataran a nuestros niños, profanaran a nuestras mujeres y de esta profanación surgirá una nueva raza, mezcla de su sangre y la nuestra, y esta raza estará condenada a la opresión de otros hasta el fin de sus días, nuestras tierras serán ocupadas por edificios capaces de tocar el cielo, y la gente montara animales de cuatro patas y animales con ruedas como patas, esta raza estará marcada por la imagen de un águila devorando una serpiente sobre un nopal, cortara la tierra con serpientes metálicas que andarán sobre caminos metálicos, Tenochtitlán se poblara de mucha gente y vestirán ropas de fibras extrañas y comerán cosas extrañas. Sobre este templo construirán su propio templo, y en el que pondrán figuras inertes por las que nos obligaran a arrodillarnos, robaran todas nuestras riquezas, y se las llevaran mas allá de los mares, pero de esta raza surgirán guerreros que lucharan contra los blancos y los expulsaran de su territorio, pero estos jamás se irán y terminaremos siendo ellos sin realmente serlo, porque el color de nuestra piel no cambiara.

-¿Todo eso has visto?

-He visto esto y más.

-¿Nuestra raza morirá?

-Irremediablemente.

-¿Puedes hacer algo?

-Si puedo.

-Esconderé la esencia de nuestra raza en este animal


En sus manos apareció un animal rosado y de cola blanquecina, con cuatro patas con dedos, poseía unos ojos dorados y profundos y sobre su cabeza lo que parecía un penacho de color rojo, los aztecas lo llamaban axolotl.

-Nuestra historia, nuestra sabiduría, nuestras costumbres, nuestra sangre permanecerá escondida en este pequeño animal. Vivirá toda su vida como una larva y pocas veces querrá madurar ya que esto le podrá causar la muerte y siempre estará en contra de cambiar, se esconderá en los lodos de Xochimilco donde los blancos no buscaran riquezas y vivirán ahí hasta los tiempos en los que la tierra vuelva a nacer.


El Huey Tlatoani suspiro.

Haz lo que tengas que hacer, cubrio con sus dos manos a aquel animal y lo levanto sobre su cabeza, alzo su mirada al cielo y después de unas palabras lo arrojo a las aguas de Xochimilco.

Año 2012

Encabezado de algún diario en México:

"Biólogos han declarado extinto el Ajolote de Xochimilco"

FIN





Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.





El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.





En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.





No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.



Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.





Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.





Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?





Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.





Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.





Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.





Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.



Julio Cortázar

Articulo del diario la Vanguardia:
Related Posts with Thumbnails