miércoles, 21 de marzo de 2012

Es muss sein!

...Así paso lo que hoy es ayer, hay un porque en el amanecer, tienes que ver, Es muss sein!
Despierto, a medias, tibio, pero con frió, un sueño que no es camino, Es muss sein!  
Tenia que ser y asi fue, pretérito sin conocer, no hay que entender, Es muss sein! 
A tiempo estuve de desaparecer, reflejos de lo que ya es ayer, Es muss sein! 
Destino, augurio, visiones premeditadas, casualidad cansada,  Es muss sein!
Un segundo, un día, un mes el tiempo avanza en la pared, Es muss sein! 
Estela, estrella, luciérnaga, faro, mar abandonado, Es muss sein! 
Preludio, réquiem, notas sin razón de ser, Es muss sein!
Neblina en el alma, sueños sin cama, Es muss sein!
Suspiro, respiro, transpiro, y expiro, Es muss sein!
Aliento, momento, tranquilo, asi es, Es muss sein!
Estoy, me voy, soy y dejo de ser, Es muss sein!
Poeta mudo de letras, ciego de si, Es muss sein!  
Camino, corro, recuerdo y suspiro, Es muss sein! 
Brisas sin caricias, manos sin abrigo, Es muss sein!
El universo en el cafe, tu mano adivina, Es muss sein!
Sabanas calladas, persianas sin pestañas, Es muss sein!
Las golondrinas no tienen nidos, es el destino, Es muss sein!
Las piedras, las montañas, mis desiertos sin arena, Es muss sein!
Calle vacía, melancolía a la deriva, naufragio suicida, Es muss sein!
El viento no tiene palabras, los arboles se mueren sin ropa, Es muss sein!
La tarde se queda sin sol, la noche hoy no tiene ganas de luna, Es muss sein!
En la memoria traigo una espina, en la garganta un nudo de rosas, Es muss sein!
Las flores se van con inviernos, las primaveras no tienen porque volver, Es muss sein!
Hay relojes donde el tiempo deja de ser y el pasado se mezcla con el destino, Es muss sein!




A diferencia de Parménides, para Beethoven el peso era evidentemente algo positivo. "Der Schwergefasste Entschluss", una decisión de peso, va unida a la voz del Destino ("es muss sein"); el peso, la necesidad y el valor son tres conceptos internamente unidos: sólo aquello que es necesario, tiene peso; sólo aquello que tiene peso, vale. Esta convicción nació de la música de Beethoven y, aunque es posible (y puede que hasta probable) que sus autores hayan sido más bien los comentaristas de Beethoven y no el propio compositor, hoy la compartimos casi todos: la grandeza del nombre consiste en que carga con su destino como Atlas cargaba con la esfera celeste a sus espaldas. El héroe de Beethoven es un levantador de pesos metafísicos. Tomás partió hacia la frontera suiza y yo me imagino al propio Beethoven, melenudo y huraño, dirigiendo la orquesta de los bomberos locales y tocándole, para su despedida de la emigración, una marcha llamada «Es muss sein!». Pero luego Tomás atravesó la frontera checa y se topó con una columna de tanques soviéticos. Tuvo que detener el coche en un cruce de caminos y esperar media hora a que pasaran. Un horrible soldado en uniforme negro dirigía el tráfico en el cruce, como si todas las carreteras checas fueran de su propiedad."Es muss sein", repetía Tomás, pero pronto empezó a dudarlo: ¿de verdad tenía que ser así?

La insoportable levedad del ser
Milan Kundera

lunes, 5 de marzo de 2012

Ante todo

...ante la inminencia de lo efímero yo prefiero ser incógnita, un laberinto sin ventanas, un agujero sin relojes, un pensamiento sin ideas, ante lo grave de esta situación yo me alejo a la orilla de un pasado, me sublimo en el vació, en el diáfano infinito de un desencuentro, nunca es momento, siempre es destino, aveces camino, pero solo aveces, ante lo pesado de lo incierto yo me escondo en un silencio, y me arropo con el viento de otros tiempos, sin cimientos ni amarres, solo el súbito reflejo de un recuerdo, que amanece sin sol y esta muerto de luna, que desemboca en mis mares en forma de bruma, que se derrama de mi mente con cuerpo de espuma, no es ocasión de llorar, la lluvia no le tiene fe a las lagrimas, mucho menos los ríos, por eso es que ante este consecuente paso de pagina yo me aboco al retiro, al exilio o al completo exterminio, de sufijos, complementos, y designios, al astuto e inherente olvido que con ahincó empieza a caminar en mi alma, no hay drama ni motivos aparentes con rostro de delirio, ni martirio, ni suspiro, ni el futuro, ni su estela, no hay destierro, ni frontera, no hay manera, es el ahora sin sustantivo, yo me retiro...


He aquí una lista de hechos acerca de la cual tanto yo como otros 9,000,000 de poetas hemos parloteado hasta el cansancio:


1. La primavera es una estación agradable. Las flores, etc., etc. brotan y abren sus pétalos, etc., etc.


2. Las fantasías de un jovencito. Ligeras, pesadas, alegres, etc., etc.


3. El amor, un cosquilleo delicioso. Indefinible, etc.
a) De día, etc., etc., etc. b) De noche, etc., etc., etc.


4. Los árboles, las colinas, etc., gracias a una naturaleza providente, presentan una distribución diversa, en diversos lugares.




5. Los vientos, las nubes, las lluvias, etc. aletean a través y por encima de ellos.


6. Los hombres aman a las mujeres. (Es más poético en singular, pero el verbo conserva la misma forma.)


(En Grecia y en los países paganos, los hombres amaban a los hombres, pero esto ya ni se menciona en una sociedad educada, a menos que sea en un sentido purificado.) No me atraen las costumbres paganas, pero mis prejuicios personales no forman parte de la materia poética. Además, no me puse precisamente lascivo en A.L.S. No obstante, en los seis puntos antes mencionados, creo que puedes encontrar lo importante de la materia poética de todos los tiempos. Espera: cabe añadir:


7. Los hombres participan en las batallas, etc., etc.


8. Los hombres salen de viaje.


Más allá de esto, los hombres piensan y sienten ciertas cosas y ven ciertas cosas no con la visión corporal. Y ahora que comienzo a interesarme, ¿el público en general, el demasiado insensible, se queda dormido? Ni modo. Para terminar ya con este altercado, si Ío que me quieres decir es que A.L.S. es un libro más bien melancólico y desagradable, en eso estamos de acuerdo. Lo pensé en Venecia. Le quité una serie tremendamente melancólica de diez sonetos — al estilo del Thompson de City oj Dreadful Night— que, poéticamente, tienen momentos bastante finos. Escribí, o lo intenté al menos, con un poco de luz del sol de la cual una parte —demasiado para mi sentido crítico— se imprimió. Sin embargo, lo importante de la obra (digamos, 30 de esos poemas) es el trabajo más acabado que he hecho hasta ahora... Y respecto a los "logros últimos de la poesía", ¿a qué te refieres?... Me gustaría, fuera de broma, que definieras esos logros últimos de la poesía. Por supuesto que no estaremos de acuerdo.


Eso sería demasiado poco interesante. A ver si puedo hacer una enumeración:
1. Pintar la cosa tal como la veo.
2. La belleza.
3. La liberación de lo didáctico.
4. Pasaría al menos como "buena educación" ser eco de unas cuantas personas
que, hay que reconocerlo, lo hacen mejor o más brevemente. La simple originalidad, desde luego, está fuera de toda discusión. Además, la Ponchera se encarga de eso. Y, en fin, no olvides que no intento escribir para el público. No puedo. No tengo ese tipo de inteligencia. "Para quienes aman la misma belleza que yo amo, y de la misma manera que yo".


Fragmento de una Carta de Ezra Pound a William Carlos Williams

jueves, 23 de febrero de 2012

Te retrate un silencio

...te retrate un silencio a la luz tenue de un suspiro, un paisaje o un recuerdo que mas da, un augurio sin futuro casi un sueño prematuro, no es tan duro es silente, una pausa disidente, una crisis aparente, y me siento diferente, algo absurdo, un poco burdo, aun mas agudo, pero no tan rudo, la razón tampoco pudo, por distraída, ya consumida, no destruida, pero caída, no hay sentimiento, solo es momento, de estar despierto, a corazón abierto, como un desierto, sin condiciones, no hay mas razones, ni apariciones, mis conclusiones, son un vació, que hoy es un lió, hasta el hastió, pero confió, que pase el frió, como tu nombre, y que el tiempo sobre, para volver a ser un hombre, con un amor que asombre...



¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?


Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Por quién doblan las campanas
John Donne

miércoles, 8 de febrero de 2012

Un fin del mundo de los Cronopios

Con todo respeto a Julio Cortazar

...abrumado por la preocupación onírica de una situación poco certera camina un cronopio por una calle atacada en sus bastiones principales por edificios vestidos de cristal, rodeado de soldados mancos que servían de sostén a varias lumbreras un poco ciegas, contenía sus manos dentro de sus bolcillos como si las escondiera de la inminencia de aquello que le había platicado aquella Esperanza en el mercado de corcho latas y camisones estampados con gatos sonrientes, las palabras más tétricas que había escuchado en su vida, el mundo estaba por acabarse, la Esperanza que caminaba arrastrando el hombro izquierdo por el suelo pero con la cabeza más erguida que él mástil de un barco encallado en una mesa de billar repetía incansablemente en sus oídos que el mundo se iba a acabar, y esta aseguraba tener fuentes fidedignas que respaldaban la idea de que el mundo estaba por terminar, no es común que esto le preocupe a un cronopio pero no podía ignorar a alguien que compartiera el gusto de comprar corcho latas y camisones estampados con gatos sonrientes, así que una tristeza le acompaño por algunos pasos hasta llegar a la vuelta de aquella calle desolada, esquina en la que precisamente fue atravesado por una idea, reunió a sus amigos Cronopios, Famas y Esperanzas, en una de las plazuelas de aquella ciudad agobiada por las sombras de los edificios que crecieron como la hierba en los cimientos de aquella tierra que algún día vio nacer arboles y la cual fue transitada por liebres y otras bestiales especies que no merecieron más que el exterminio o el exilio que es casi lo mismo o quizás aun peor, para abrir su discurso comenzó uno de sus bailes los cuales eran nulamente entendidos por los Famas y que los Esperanzas seguían aun careciendo en conciencia de su significado, después comenzó a cantar notas alevosamente desordenadas que rebotaban precipitadamente sobre las copas de los arboles que atentos inclinaban sus ramas haciendo ese gesto tan humano de inclinar la cabeza y colocar una de las manos en uno de los oídos, los Cronopios entonaban la misma canción cada quien improvisando lo que sus corazones detonaban en ese instante, hasta que de golpe el organizador de esta reunión invoco al silencio y todos los espectadores callaron, un distraído cronopio colocaba un pie frente al otro una y otra vez hacia delante y hacia atrás quedándose apenas en las fauces del baile previo, los Famas se veían los unos a los otros pensando quizás en el tiempo que estaban desperdiciando, o la cantidad de números que habían dejado de contar, o todo lo importante que podrían estar haciendo y que habían dejado de hacer, y las Esperanzas se angustiaron y algunas sin saber porque comenzaron a llorar, el orador que aun no se animaba a sacar las manos de sus bolsillos, comenzó a explicar que el fin del mundo se acercaba, nadie entendía a que se refería, hasta que menciono una palabra que se tambaleo en los oídos de los que se encontraban ahí, “Muerte” los Famas habían oído hablar de ella pero creían tener lo suficiente como para evitarla y preferían olvidarla tomando vinos hechos con uvas jamás sembradas y degustando quesos de cabras con alas, las Esperanzas no entendían la diferencia entre muerte y vida, así que vivían como muertos y morían como vivos por lo cual nunca se percataban de ella pero los Cronopios que habían descubierto la destreza de encontrar las mejores cosas flotando por los aires disfrazadas de burbujas o estrellas fugaces, o arrastrándose en los surcos que van dejando los recuerdos cuando escapan del presente, o en el golpeteo del pico del ave que anuncia esta próxima a entonar una canción de Thelonious Monk, o la simple y excitante sensación de juntar su dedo menique con su dedo anular en repetidas ocasiones acción que los Famas consideraban obscena, los cronopios que no sabían mucho de entristecerse se entristecieron,  la palabra muerte no le agradaba a ninguno de los presentes pero no había forma de explicarles lo que significaba el fin del mundo, aquella tarde de Otoño en Abril, el tiempo palideció, las aves migraron hacia las alcantarillas, la luna cerro sus persianas, las Esperanzas se escaparon hacia un lugar donde un vendedor de bienes raíces les prometía casas con repelente para la muerte y la vida, los Famas vendieron todo lo que tenían a los otros Famas, terminando al final con el mismo dinero pero con diferentes cosas y esto les tranquilizo un poco, mientras los Cronopios se sentaron a contemplar el cielo decididos a terminar de contar las estrellas antes de que se apagaran, pero eso si todos con las manos dentro de los bolcillos…



Como los escribas continuarán, los pocos lectores que en el mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de escribas. Cada vez más los países serán de escribas y de fábricas de papel y tinta, los escribas de día y las máquinas de noche para imprimir el trabajo de los escribas. Primero las bibliotecas desbordarán de las casas, entonces las municipalidades deciden (ya estamos en la cosa) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades, los mataderos, las cantinas, los hospitales. Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros. Entonces pasa que los libros rebasan las ciudades y entran en los campos, van aplastando los trigales y los campos de girasol, apenas si la dirección de vialidad consigue que las rutas queden despejadas entre dos altísimas paredes de libros. A veces una pared cede y hay espantosas catástrofes automovilísticas. Los escribas trabajan sin tregua porque la humanidad respeta las vocaciones, y los impresores llegan ya a orillas del mar. El presidente de la república habla por teléfono con los presidentes de las repúblicas, y propone inteligentemente precipitar al mar el sobrante de libros, lo cual se cumple al mismo tiempo en todas las costas del mundo. Así los escribas siberianos ven sus impresos precipitados al mar glacial, y los escribas indonesios etcétera. Esto permite a los escribas aumentar su producción, porque en la tierra vuelve a haber espacio para almacenar sus libros. No piensan que el mar tiene fondo, y que en el fondo del mar empiezan a amontonarse los impresos, primero en forma de pasta aglutinante, después en forma de pasta consolidante, y por fin como un piso resistente aunque viscoso que sube diariamente algunos metros y que terminar por llegar a la superficie. Entonces muchas aguas invaden muchas tierras, se produce una nueva distribución de continentes y océanos, y presidentes de diversas repúblicas son sustituídos por lagos y penínsulas, presidentes de otras repúblicas ven abrirse inmensos territorios a sus ambiciones etcétera. El agua marina, puesta con tanta violencia a expandirse, se evapora más que antes, o busca reposo mesclándose con los impresos para formar la pasta aglutinante, al punto que un día los capitanes de los barcos de las grandes rutas advierten que los barcos avanzan lentamente, de treinta nudos bajan a veinte, a quince, y los motores jadean y las hélices se deforman. Por fin todos los barcos se detienen en distintos puntos de los mares, atrapados por la pasta, y los escribas del mundo entero escriben millares de impresos explicando el fenómeno y llenos de una gran alegría. Los presidentes y los capitanes deciden convertir los barcos en islas y casinos, el público va a pie sobre los mares de cartón a las islas y casinos donde orquestas típicas y características amenizan el ambiente climatizado y se baila hasta avanzadas horas de la madrugada. Nuevos impresos se amontonan a orillas del mar, pero es imposible meterlos en la pasta, y así crecen murallas de impresos y nacen montañas a orillas de los antiguos mares. Los escribas comprenden que las fábricas de papel y tinta van a quebrar, y escriben con letra cada vez más menuda, aprovechando hasta los rincones más imperceptibles de cada papel. Cuando se termina la tinta escriben con lápiz etcétera; al terminarse el papel escriben en tablas y baldosas etcétera. Empieza a difundirse la costumbre de intercalar un texto en otro para aprovechar las entrelíneas, o se borra con hojas de afeitar las letras impresas para usar de nuevo el papel. Los escribas trabajan lentamente, pero su número es tan inmenso que los impresos separan ya por completo las tierras de los lechos de los antiguos mares. En la tierra vive precariamente la raza de los escribas, condenada a extinguirse, y en el mar están las islas y los casinos o sea los transatlánticos donde se han refugiado los presidentes de las repúblicas, y donde se celebran grandes fiestas y se cambian mensajes de isla a isla, de presidente a presidente, y de capitán a capitán.

"Historias Cronopios y Famas"
Julio Cortázar

sábado, 28 de enero de 2012

Si decir adios mata

...acaricio la silueta de este tiempo una vez mas, sin creer en cosas eternas, ni mentiras, ni verdad, sabiendo que lo que siento es un eco y nada mas, un augurio confirmado, un deja vu fotografiado, un revés sin un quizas, me tire al agujero para volver a empezar, pero el final de este cuento comenzaba a la mitad, no hay palabras que rescaten este verso, ni que salven los momentos de este adiós perverso, manco y sonriente, que no dice lo que siente, y que solo sabe esperar, esperar a que la noche tenga la ultima palabra, para que un nubarrón distraiga a la luna mientras te vas, sera preciso en ese instante creer que existe en el universo un lugar para guardar lo que se queda incompleto cuando uno trata de amar, quizás me sirva el fondo del mar para esconder algunas lagrimas, y el debajo de las sabanas para mi alma que por un tiempo no querrá caminar, pero al tiempo no le importa de que tamaño son los abrazos, mucho menos el sabor de los besos, quizás en un par de instantes solo queden los pedazos de un recuerdo moribundo que comienza a expirar, si decir adiós nos mata, hemos muerto varias veces ya...




" Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanando en su sillón favorito, de espaldas a la puerta de lo que hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente resteñaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contras su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. "

Ceremonias
Julio Cortázar

domingo, 15 de enero de 2012

Un sin

... Una lluvia sin gotas, un amanecer sin sol, algunas estrellas rotas, un corazón bemol.

Un completo vacío, un sin fin que termino, una mañana sin rocío, un si y después un no.

Una calle abandonada, varias olas sin playa, una historia olvidada, una voz que nunca calla.

Una herida tatuada, un dolor como escusa, una vida cansada y un destino que acusa.

Un sueño con insomnio, una cama que no vuela, el amor y otro demonio, un cometa sin estela.

Una luna a media hasta, un silencio en el tendedero, un adiós que no basta, pienso luego espero.

Un cielo a ras del suelo, una luz que no brillara, una sonrisa disfrazada de duelo, y la noche sabe que acabara.




Este adiós, no maquilla un "hasta luego",

Este nunca, no esconde un "ojalá",

Estas cenizas, no juegan con fuego,

Este ciego, no mira para atrás.

Este notario firma lo que escribo,

Esta letra no la protestaré,

Ahórrate el acuse de recibo

Estas vísperas, son las de después

A este ruído, tan huérfano de padre

No voy a permitirle que taladre

Un corazón, podrido de latir

Este pez ya no muere por tu boca

Este loco se va con otra loca

Estos ojos no lloran mas por ti.



Esta sala de espera sin esperanza,
Estas pilas de un timbre que se secó
Este helado de fresa de la venganza
Esta empresa de mudanza
Con los muebles del amor
Esta campana mora en el campanario,
Esta mitad partida por la mitad,
Estos besos de Judas, este calvario,
Este look de presidiario,
Esta cura de humildad.
Este cambio de acera de tus caderas,
Estas ganas de nada menos de ti
Este arrabal sin grillos en primavera,
Ni espaldas con cremalleras,
Ni anillos de presumir.
Esta casita de muñecas de alterne
Este racimo de pétalos de sal
Este huracán sin ojos que lo gobierne
Este jueves, este viernes
Y el miércoles que vendrá
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir “condios” a los dos
Nos sobran los motivos.
Este nido de pájaro disecado
Este perro andaluz sin domesticar
Este trono de príncipe destronado
Esta espina de pescado
Esta ruina de Don Juan.
Esta lágrima de hombre de las cavernas,
Esta horma del zapato de Barba Azúl,
Qué poco rato dura la vida eterna
Por el túnel de tus piernas,
Entre Córdoba y Maipú.
Esta guitarra cínica y dolorida
Con su terco knock knocking´in heaven´s door,
Estos labios que saben a despedida
A vinagre en las heridas
A pañuelo de estación
Este ladrón aparcado en tu toga
La rueca de Penélope en Luna Park
Estos celos que sueñan que te desnudan
Esta caracola viuda
Sin la pianola del mar
No abuses de mi inspiración,
No acuses a mi corazón
Tan maltrecho y ajado
Que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
Se filtra la desolación
De saber que estos son
Los últimos versos que te escribo,
Para decir “condios” a los dos
Nos sobran los motivos.

Nos sobran los motivos
Joaquin Sabina

domingo, 1 de enero de 2012

De nuevo y nuevo

De nuevo y nuevo te veo de nuevo casi invisible, traslúcida a mis ojos obtusa a mi alma de nuevo y nuevo ya no te veo aunque quiero verte ya no me muero, no me muero por verte, de nuevo y nuevo logre extraviarte un poco dentro tuviste suerte, otra vez volví a perderte, aveces la verdad también nos miente, de nuevo y nuevo logre entenderte, un adiós inerte, sueños que se persiguen a si mismos y todo es diferente, de nuevo y nuevo estas ausente, o quizás distante el frió no miente pero tampoco siente, de nuevo y nuevo se ha caído, lo que el amor había construido, no hay mas sentido para pensar que de nuevo y nuevo no habrá de nuevo...



“El hombre nunca puede saber que debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. No existe posibilidad alguna de comprobar cual de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. ¿Pero que valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya, la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni un boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro” y el peso de nuestras responsabilidades (...)
.
La insoportable levedad del ser 
Milan Kundera

lunes, 19 de diciembre de 2011

El brillo de mis ojos

...tú dices ver un brillo en mis ojos, pero no lo es y te lo voy a explicar, si por algún momento en una de esas pasadas a través de tu mirada logras captar esas dos pequeñas esferas que suspenden entre mis parpados y si por casualidad notas un brillo similar al de un reflejo de sol en un unos pequeños espejos entiende que no es un brillo, si no un ocaso, si como lo oyes un ocaso que se estaciono un día de primavera cuando precisamente gotas de lluvia se separaban de unas nubes que cubrían sigilosamente la totalidad de un puerto en donde los barcos yo no desembarcan porque el cielo se ha quedado en las olas que escupen una espuma blanca a las arenas suaves de las playas vacías de palmeras pero tupidas de pinos que sueñan con hogueras y piensan en el faro que por las noches les guiñe un ojo a través de la neblina que se besa con las brisas que son suspiradas desde una isla donde nacen todas las brisas y quizás también los sueños, esos sueños que se esfuman con la propia vida de un soñador que andando por una calle empedrada en los suburbios de aquel puerto con las manos en los bolsillos ha pateado una piedra que ha caído en los pliegues de una banqueta que avanza en sentido contrario hacia la eternidad del tiempo que se dibuja en el reloj de la catedral donde el motivo del sueño se une con otro sueño trazando mentiras que vuelan junto a las palomas que se abalanzan sobre la lluvia de arroz que cae sobre el limosnero que hace tiempo dejo de soñar y que ahora solo cree en esas monedas a las que llaman dinero mientras su pierna hinchada se pudre causándole un dolor que se convierte en nausea de los que pasan tratando de no inclinar el cuello para olvidar a los que deben de ser olvidados en las afueras de las iglesias que apuñalan el cielo con sus cruces afiladas y que estremecen con sus ruidosas campanas el duelo de una viuda que mira por la ventana como a media docena de niños que corren detrás de una pelota que horas antes solo era un puñado de papeles y cinta adhesiva mientras un niño cojo los observa y deja caer una lagrima sobre el suelo de aquel vecindario de niños flacos que olvidan el hambre jugando y cuando precisamente en ese instante pasa un tren que acaricia con el cristal de una de sus ventanas el rostro de una mujer que invoca el recuerdo de su padre empujándola en un columpio que se sostenía de un árbol que dejo de dar sombra la tarde de un invierno que le asesino sin remordimientos una tarde en el que el cielo no pudo contener su llanto en un instante en que un rayo de sol distraido se cruzo con una de sus lagrimas, convirtiéndose en eso que tu crees que es un brillo...




Estaban tan juntos, que mientras se movía la aguja que marcaba los minutos, aguja que él no veía ya, sabían que nada podía pasarle a uno sin que le pasara a otro; que no podría pasarles nada si no eso; que eso era todo y siempre, el pasado, el presente y ese futuro desconocido. Lo que no ibana tener nunca lo tenían. Lo tenía ahora y antes y ahora, ahora y ahora. O ahora, ahora, ahora; este ahora único, este ahora por encima de todo; este ahora como no hubo otro, sino este ahora y ahora es tu profeta. Ahora y por siempre jamás. Ven ahora, ahora, porque no hay otro ahora más que ahora. Sí, ahora. Ahora por favor, ahora; el único ahora. Nada más que ahora. ¿Y donde estás tú? ¿ Y donde estoy yo? ¿ Y donde está el otro? Y ya no hay por qué; ya no habrá nunca por qué; sólo hay este ahora. Ni habrá nunca por qué, sólo este presente, y de ahora en adelante sólo habrá ahora, siempre ahora, desde ahora solo un ahora; desde ahora sólo hay uno, no hay otro más que uno;uno, uno, uno. Todavía uno, todavía uno, uno que desciende, uno suavemente, uno ansiadamente, uno gentilmente, uno felizmente; uno en la bondad, uno en la ternura, uno sobre la tierra (...)

Por quien doblan las campanas
Ernest Heminway

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Una estampa japonesa (Cuento con ventajas segundo agujero)

...el tiempo acusa a la memoria, y la memoria se somete al olvido, y el olvido hoy tenia sentido, el sentido que se le da a un recuerdo, caminaba por aquel camino que la llevaría a la cima de aquel monte en donde siempre se encontraba con el los días de primavera, donde aquellos ciruelos al fulgor de la primavera exponían sus mas bellas flores como presumiendo su divinidad, el viento soplaba suave como si atravezara la boquilla de un shakuhachi y delicadamente entonaba una melodía, no había mas en esa montaña solo ella y el recuerdo de aquellos ciruelos floreados en primavera, pero era invierno y un frió espinoso abrazaba fuertemente a aquella montaña y a sus arboles secos, vacíos de la caricia de los pétalos de las flores del pasado, esa mañana el cielo había dejado descubierta la cima de aquella montaña convirtiéndose en un espectro tórrido que giraba en torno a ella, su pasos la perseguian dejando un rastro en la nieve, su alma caminaba junto a ella como si se tratara de su sombra, pero aveces esta tropezaba y caía de rodillas  en el momento en el que sus recuerdos la atravezaban, los recuerdos en donde estaba él, pero ella estaba decidida a llegar hasta a aquel lugar que había  significado tanto para ellos y aunque su alma claudicara, ella llegaría a la cima de esa montaña y dejaría todo lo que era el en ella, todo lo que no querdia dejar de ser, para poder vivir, para seguir existiendo, los recuerdos calaban mas que el frió y se incendiaban dentro de ella, al compás de cada paso su memoria se inundaba de él, se revosaba de sus recuerdos, pero ella estaba decidida y en este lugar ella dejaria todo lo que el significaba en ella, en la cima cuatro arboles uno antes que otro, al llegar al primer árbol, decidió despojarse primero de su imagen que parecía haber sido grabada en los pliegues de su mente, de su hombro que tantas veces le sirvió de almohada, de su pelo que volaba al viento y aveces no, de su pecho que sabia ponerse al ritmo del suyo, de sus ojos que reflejaban el brillo del universo cuando la veía,  de sus manos que aprendieron a esculpirla, de su rostro que aveces aparecía en las nubes, de todo su cuerpo y de toda la materia que lo convertian en el y no en otro, a la sombra falsa de aquel árbol abandono su carne y sus huesos, unos ojos la siguieron viendo con una ternura desesperada, con una mirada capas de cortar el viento,  pero tenia que seguir adelante y cerro los ojos para seguir, camino varios pasos para llegar a el siguiente árbol donde se despojaría de las cosas que surgen, de los besos que aun palpitaban en sus labios, de sus abrazos que dormían junta a ella, de las caricias que hacían fila detrás de la puerta de su habitación, de las noches en que hacían el amor o el amor los hacia, de su manera de verla en la oscuridad embarrada de luna, de su mano unida a la de ella por si un día caía, de las noches interminables que aveces terminaban, de los sueños compartidos que continuaban con la rutina del día, de los amaneceres o de cualquier sinónimo de placeres, de las tardes ocre, purpura y marrón, de sus pasos por el mismo camino que hoy se le escurría, cuando sintió que había dejado todo lo que surge corrió para no ser alcanzada hasta el siguiente árbol, donde dejaría sus palabras aquellas que habían encontrado un refugio cálido en sus oídos, y que se habían refugiado en su corazón por mucho tiempo, aquellas palabras que retumbaban en su memoria, que activaban el mecanismo de las sonrisas y aveces también el de las lágrimas,  las palabras que se escribían derechas sobre renglones torcidos, aquellos renglones torcidos que se habían convertido en el pentágrama donde una orquesta de nostalgias y melancolías recitaban su canción, nostalgias que hablaban el idioma de los poemas, melancolías que navegaban en cuentos, pero no se trataba de solo dejar sus palabras ahí, porque estas siempre le perseguían a todas partes, así que encendió una fogata y las quemo, y aquel humo se fundió con la neblina susurrándole palabras de amor, camino con una sensacion de vació hasta el ultimo árbol ,que ondeaba sus ramas como dichoso de haber conquistado la cima de aquella montaña, con cierta nostalgia volteo hacia hacia atrás y se percato de que los tres arboles se llenaron de hojas marrón y de frutos color purpura que brillaban con la luz del sol, pero  ya solo tenia que despojarse de algo mas que el había dejado en ella y quizás lo mas importante, el amor, ese amor que había sido capas de sobrevivir a sus tormentas, a muchos intentos de olvido fallido, ese amor que intento mutilarse con ideas compradas en el mercado, ese amor que todas las noches se escurría por la ventana, caminaba por la alfombra, que trepaba por la cama y se funcionaba con sus sueños, ese amor que uno cree que no se merece,  así que llego hasta aquel árbol que había crecido a orilla del precipicio que ahora llamaremos agujero y se arrojo...




..Aquella noche nos habìamos acostado sin hablarnos. Yo estuve leyendo, no sè què, de reojo, veìa dormirse a Cecilia. Ella tenìa una expresiòn lenta, dulce, casi risueña, una expresiòn de antes , de cuando se llamaba Ceci, para la que yo habìa construìdo una imagen exacta aque ya no podìa ser recordada. Nunca pude dormirme antes que ella : Deje el libro y me puse a acariciarla con un gènero de caricia monòtona que apresura el sueño- Siempre tuve miedo de dormir antes que ella, sin saber la causa: aùn adoràndola , era algo asì como dar la espalda al enemigo_ No podía soportar la idea de dormirme y dejarla a ella en la sombra, lùcida , absolutamente libre, viva aun.

El pozo
Juan Carlos Onetti

martes, 29 de noviembre de 2011

Una estampa japonesa (cuento con ventajas primer agujero)

La primera ventaja, es que cuando el cuento llega al final, no se acaba.
Sino que se cae por un agujero. Y el cuento reaparece a mitad del cuento.
Esta es la segunda ventaja, y la más grande. Que desde aquí se le puede
cambiar el rumbo. Si tú me dejas...Si me das tiempo...

...no podia apartar la mirada de aquel cuadro, un mundo flotante se avalanzaba hacia sus ojos como si de pronto fuera a caer frente a sus pies, los protagonistas cuatro arboles agobiados por un frio invierno o pensandolo bien un monte en medio de la nada acariciado solo por los vientos frios provenientes de un lugar sin nombre, o podria ser también la neblina que alumbraba de tremulos grises la decandencia de la belleza que plasmaban aquellas manchas de tinta, o mejor aun un cuadro sin protagonistas una pintura que no alardeaba de si misma, si no mas bien que lloraba su belleza, que exaltaba la desesperacion de un mundo sereno, la soledad de un tiempo sin tiempo, de un dia que parece tarde y se sospecha de mañana pero que asegura que no es noche, su rostro acariciado por la brisa de aquel viento incapas de mover las ramas secas de aquellos arboles, cuanta belleza en la desnudes de aquellos arboles, en el escape de sus ramas que apuntan hacia el cielo, y que estiran sus dedos alargados con la sabiduría de un viejo, en la nostalgia de tiempos de hojas, flores y quizas frutos, pero ahora en una desolación, como en el ocaso definitivo, como en el ultimo invierno que congela la mas remota oportunidad de vida, sus raíces escondidas quizás aferrandose a las rocas que los sujetaban a aquel monte y que les impedía volar, no se cansaba de mirar, por casualidad habia caido a aquel museo que tenia fama de no tener nada bueno, pero que ese dia exponian una serie de pinutras ukiyo-e, "las pinturas del mundo flotante" provenientes de Japon, por error o por necesidad del universo, algo o alguien la habia postrado frente a aquella pintura antigua de autor de desconocido y que nadie mas observaba, pero que habia sido capas de erizar su alma, y por lo que ahora se encontraba atrapada en el vació inmenso que se produce entre el asombro y la belleza, el tiempo acusa a la memoria, y la memoria se somete al olvido, y el olvido hoy tenia sentido, el sentido que se le da a un recuerdo, un camino se dibujaba en la montaña, oscuro renuente a la luz blanca que deambulaba por aquel lugar, un camino cansado quizás de nunca ser caminado, un camino que quizás sin pasos no tiene derecho a ser camino, pero un camino al fin, el la observaba desde lejos, tan lejos como puede apartarse uno del destello de una estrella, tan cerca como el fulgor de un rencuentro al compás de un abrazo, al verso trece de un soneto, al claro de luna, a la respiración antes de convertirse en suspiro, tan cerca y tan lejos, tan lejos de encontrar una palabra adecuada, tan cerca de no necesitarlas, en el cuadro una mancha, oscura, un error quizás del pintor desconocido, de aquel japones de Edo, que vivió en tiempos de nostalgia, donde los ciruelos  sabian hablar, y las montañas caminaban hacia algún encuentro, en donde las olas del mar se detenían a contemplar el cielo, y los dragones no dejaban de volar, en tiempos donde la madera se sentía acariciada y no mutilada, tenia tiempo que no la veía, en algún momento de su vida la había perdido, un día de esos que nacen sin despedida se fue, o un día de esos que amenacen con sus rayos de sol impregnados de adiós se marcho, lo cierto es que tenia tiempo sin verla, un tiempo relativo, un tiempo incontenible en ningún reloj, un tiempo inmune a las manecillas, o a cualquier recipiente con arena, un día dejaron de ser, un día la dejo de ver, aunque la siguió viendo todos los días, aunque sus ojos nunca le creyeron que ya no estaba, a pesar de que la memoria hizo lo propio para subsistir, y así pudo vivir, algunas veces su recuerdo llegaba por la noche, se escurría entre las cortinas, avanzaba por la alfombra sigilosamente, trepaba por su cama con ahinco, y le observaba con detenimiento hasta fusionarse con sus sueños, era el rostro de ella, aquel rostro que había atesorado tanto, aquella imagen que había guardado en el lugar mas oscuro de su ser y que empezaba a iluminarse, ella sumergida en la imperfección de aquella pintura tan inverosímil, pero a la vez tan real, tan contundente, el pincel se sumergía en la oscuridad de la tinta, unos trazos mas y la montaña que se encontraba frente a el seria inmortalizada en aquel pedazo de papel, en ella no existía ningun árbol, pero su tristeza le había obligado a adornar aquella montaña con algunos, y así lo intento, y el pincel con tinta negra empezó a dibujar lo que deberían ser unos bellos arboles, mas un pintor no puede pintar cosas que no estén dentro de su alma, y su alma sollozaba, la brisa le acariciaba el rostro, la misma brisa que había dibujado en aquella estampa y que cualquiera podría percibir, cuatro arboles secos y tristes se plasmaron en aquel dibujo, arboles que invitaban a la nostalgia, y que al verlos daba tristeza, arboles sobre la montaña, solos, sin hojas ni flores, como la mano de un esqueleto, arboles repletos de nada, solo de ausencia, una lagrima se escurrió de sus ojos, era su ultima lagrima para ella, atravesó lentamente su rostro, arrastrando todo a su paso, todo lo que era ella, ella la que ya no estaba, ella la que la que le enseño el idioma de los ciruelos, ella la que le dibujaba pies a las montañas, la que creía que las olas contemplaban el cielo, la que no dejaba descansar a los dragones, la lagrima recorrió sus mejillas, se separo en pequeñas lagrimas al pasar por sus bigotes, y al separarse de el encontró la tinta fresca de aquel dibujo, esparciéndola de tal forma que se convirtió en una mancha oscura, y de pronto frente a el en la montaña apareció un árbol frondoso, de hojas marrón y de flores color purpura, con frutos que brillaban con la luz del sol, el árbol mas hermoso que había visto en la vida, le había devuelto la sonrisa, ella aparcada en la oscuridad de una mancha, en una galería de la ciudad que tanto amaba del museo que hasta ahora desconocía, en un momento que quizás no debía de estar, recordándolo a el,   el observándola, debia de ser ella, la de otros tiempos en donde el amor parecía mas real, en donde todo parecía ser posible, en donde la piel sabia de caricias, y los labios aprendían a besar, pero ya había pasado mucho tiempo y este encuentro estaba fuera de lugar, el dolor había sido mucho, ella tuvo que mutilar parte de su corazón, y el casi pierde la razón, los motivos con el tiempo dejan de importar y aveces hasta se olvidan, pero lo real de estos dos es que realmente se amaron, se amaron tanto que no pudieron con ese amor y lo mataron, o al menos eso creían hasta ese día que se enteraron que una parte de ambos en ellos aun vivía, el la volvió a mirar con el amor que en el se encendía, pero con un gesto de despedida, se giro y se fue, ella se percato de que aquella mancha en aquel cuadro no solo era una mancha si no un agujero, y este cuento ahora cae en el para contarnos lo que debía ocurrir primero.



Había un filósofo chino que toda su vida se preguntó si era un filósofo chino que soñaba que era una mariposa o una mariposa que soñaba que era un filósofo...




La metamorfosis... La metamorfosis es algo extraordinario... Pienso sobre todo en la metamorfosis de las mariposas. Aunque sea algo maravilloso de observar, la transformación de la larva en crisálida, o de la crisálida en mariposa, no es una operación particularmente agradable para el sujeto en el que tiene lugar. Siempre llega un momento difícil en que la oruga se siente invadida por un extraño malestar. La sensación de estar apretado acá, al nivel del cuello, y también en otros lugares; y luego hay una picazón insoportable. Por supuesto, la oruga ya ha mutado varias veces, pero eso no era nada comparado con el cosquilleo y el hormigueo que siente ahora. Debe librarse de esa piel seca, demasiado estrecha, o morir. Lo han adivinado: debajo de esa piel se está formando la coraza de una crisálida, ¡y qué incómodo debe ser llevar una coraza debajo de la piel! Me refiero aquí especialmente a las mariposas con una ninfa dorada, cincelada, que se aferra a un soporte y se mantiene suspendida en el aire.


La sensación llega a ser tan horrenda que la oruga debe hacer algo. Sale en busca de un emplazamiento adecuado. Lo encuentra: se trepa a un muro o a un tronco. Se fabrica una pequeña almohadilla de hilo de seda que adhiere por encima a su perchita. Se cuelga de ella con la extremidad de su cola o sus últimas patas traseras, de manera de quedar boca abajo, como un signo de interrogación al revés; y allí se plantea la pregunta: ¿cómo hará para deshacerse de su piel? Una contorsión, otra más... y la piel se desgarra de golpe a lo largo de toda la espalda, y he aquí a la oruga que se deshace de ella moviendo los hombros y las caderas, como quien se libera de una ropa ajustada. Y entonces llega el momento más crítico. Supongamos que estamos suspendidos cabeza abajo, colgados de nuestro último par de patas. El problema consiste en evacuar la piel entera, incluida la de esas dos patas que nos mantienen suspendidos... ¿Cómo haremos para no caer durante la operación?


¿Y qué hace entonces ese animalito valiente y tenaz, ya medio despellejado? Muy meticulosamente empieza a liberar sus patas traseras retirándolas de la almohadillita de seda de la que cuelga invertida, y luego, con una sacudida y una torsión admirables, da una suerte de salto que le permite desprenderse de la almohadilla, al mismo tiempo que suelta un último chorro de hilo de seda y enseguida, en el mismo movimiento, vuelve a sujetarse con un ganchito ubicado bajo la piel que ya se ha quitado de encima, en el extremo de su cuerpo. Ahora, gracias a Dios, ha perdido toda su piel, y esa superficie desnuda, dura y reluciente es la ninfa, una suerte de bebé fajado agarrado a la ramita; y qué hermosa es esa crisálida toda tachonada de oro, con sus élitros blindados. Comienza entonces una fase que dura entre algunos días y algunos años. Recuerdo haber conservado en una caja, siendo niño, una ninfa de esfinge durante unos siete años, lo que significa que la cosa permaneció dormida durante todos mis estudios secundarios. Finalmente hizo eclosión, pero lamentablemente fue durante un viaje en tren. Un hermoso ejemplo de irracionalidad, después de todo ese tiempo... Pero volvamos a nuestra ninfa de mariposa.


Después de dos o tres semanas, algo empieza a producirse. La ninfa está suspendida, absolutamente inmóvil, pero un día notamos un cambio: a través de los élitros, varias veces más pequeños que las alas de un insecto formado, bajo la textura córnea de cada uno de ellos, vemos cómo se transparentan las líneas en miniatura del ala que ha de nacer, el adorable rubor del fondo, un esbozo de contorno negro, un ocelo rudimentario. Uno o dos días más y la metamorfosis final tiene lugar. La ninfa se desgarra como se había desgarrado la oruga, en la gloria de una última mutación, y la mariposa se escabulle hacia el exterior y se queda suspendida de laramita para secarse. Al principio, toda húmeda y arrugada, no es muy linda que digamos. Pero esos accesorios fláccidos que liberó pronto empiezan a secarse, a crecer, sus vénulas se ramifican y endurecen, y en no más de veinte minutos la mariposa está lista para volar.


(...) Se preguntarán ustedes qué se siente en el momento de la eclosión. Seguro que hay una ráfaga de pánico que sube a la cabeza, una extraña excitación que ahoga, pero luego los ojos se abren y ven, y en un aflujo de luz la mariposa ve el mundo, ve el rostro enorme y terrible del entomólogo boquiabierto.


Ahora pasemos a la transformación de Jeckyll en Hyde.

Las mariposas
Vladimir Nabokov

lunes, 21 de noviembre de 2011

Remedios

...de la luz que nace rosando el rostro de una mañana, al suspirar el viento convirtiéndose en neblina, que acaricia el tiempo y a la vez nos reclama, que hay que voltear mas seguido al cielo, que la noche aveces esta llena de estrellas, que el silencio y el sonido viajan por la noche disfrazados de centellas, que la luna y el sol siempre nos deparan algo bello, que no hay pintura mas hermosa que la que se pinta en el cielo, que si alguien esta enfermo de amor, respire mar, que si esto le causa dolor que tome un poco de cielo, y que si para esto ya no hay remedio, que se tome dos estrellas y media, una para la oscuridad, otra para el delirio y la otra mitad para que se vaya con ella o el o con quien sea, no hay mejor remedio que una estrella fugaz en el cielo nocturno, un mar al son de la luna, miles de estrellas jugando a las luciérnagas y una tarde para contemplar, si un hueco en tu alma se empieza a asomar, apaga la luz, enciende un sueño para que el silencio te abracé, y la oscuridad te acaricie, para lo que tenga que pasar que pase y por fin se vaya lo que tenga que irse, no se trata de rendirse, ni de despedidas ahogadas, si no de vaciar las noches cansadas y de desaparecer los días grises...




¡Recibe en la frente este beso!

Y, por librarme de un peso

antes de partir, confieso

que acertaste si creías

que han sido un sueño mis días;

¿Pero es acaso menos grave

que la esperanza se acabe

de noche o a pleno sol,

con o sin una visión?

Hasta nuestro último empeño

es sólo un sueño dentro de un sueno.



Frente a la mar rugiente

que castiga esta rompiente

tengo en la palma apretada

granos de arena dorada.

¡Son pocos! Y en un momento

se me escurren y yo siento

surgir en mí este lamento:

¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo

retenerlos en mis dedos?

¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera

salvar uno de la marea!

¿Hasta nuestro último empeño

es sólo un sueño dentro de un sueño?

Un sueño
Edgar Allan Poe

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El camino a la luna

...caminaba absorto por la orilla de una playa en la sublevación de un mar olvidado, olvidado por las gaviotas, por los pelicanos, por la gente que solía visitar aquel costado del mar solitario, sin las huellas de la melancolía de aquellos que suelen arrojarse a la tristeza, de la gente que busca consuelo en el vaivén de las olas, en el susurro del viento, en la inmensidad de un cielo estrellado reflejado en el mar, pero ahí no había nadie, solo yo el mar y la luna, pero aquella luna no era cualquier luna algo la había sonrojado, por alguna razón había cambiado de piel, roja o naranja o lo que surge de la mezcla de ambos colores, parecía estarse incendiando, como si imitara al sol en una hermosa tarde, pero la luna no esta hecha para los ocasos, es la noche donde ella reina y aquella noche no había astro mas hermoso en aquel cielo de estrellas que guiñen los ojos y que brincan de un lado a otro arrastrando su cola, tanto para sublimar el alma, tanto para ensanchar el corazón, ese corazón entristecido por el recuerdo de alguien que ya no esta, alguien que se había marchado, dejando una estela de tristezas en mi vida, la luna se asomaba por el mar como si hubiera estado embriagandose con lava y fuego, un camino rojo se dibujo en medio del mar, frente a mis ojos, el reflejo rojo de la luna lo atravesaba formando un hermoso camino carmesí que llegaba hasta las faldas de la luna, una sensación extraña invadió mi cuerpo algo en mi me decía que ese camino era real, que si de pronto empezaba a caminar por el sin duda llegaría a la luna, pero la razón no me permitia creer, el lugar de la luna es el cielo y no al final de este camino, aunque mis ojos y mi corazón digan lo contrario, entonces camine hacia un lado con el fin de evadir el camino o mi imaginación o que se yo, pero el camino parecía seguirme como si realmente quisiera ser caminado, entonces pensé que puede pasar si lo intento, no todo en el mundo puede estar hecho de realidad, el mundo tiene derecho a cosas fantásticas quizás los hombres tenemos derecho a algo fantástico en nuestra vida, a algo irreal, a algo que se aleja de lo conocido y mas bien parece un sueño entonces comencé a caminar por la arena casi convencido de que solo mojaría mis zapatos y si realmente era intrépido toda mi ropa, pero mi momento fantástico de la vida era este y el camino realmente existía y si era rojo brillante y por debajo de el pasaban peces rojos que quizás eran de otros colores, mi incredulidad se convirtió en una asombro alimentado por la belleza de aquel momento en que un camino rojo me llevaba hasta la luna, pero ¿cuanto tendría que caminar para llegar a ella?,  cuando empecé a caminar la luna lucia mas grande, pero poco a poco parecía hacerse mas pequeña y el camino mas estrecho entonces apresure el paso, peces con alas de arcoiris brincaban de un lado a otro frente a mi y algunos delfines parecían acompañarme en mi travesía, pero la luna en vez de parecer mas cerca se alejaba y su color rojo poco a poco se se difuminaba en un plateado brillante, pensé en detenerme y desistir porque cada vez el camino seria mas estrecho y terminaría en una cuerda floja y quizás caería en medio del mar y por lo que recordaba yo ni nadar sabia, entonces me vino a la mente el recuerdo de aquella persona que poco a poco se alejaba de mi cuando yo mas me acercaba a ella, aunque ella también cambiaba y recordé que lo que hice fue dejar de caminar hacia ella por temor a ahogarme y ella cada cada vez se alejo mas de mi hasta que un día ya no pude verla, ahora entiendo que debí haber caminado por aquella cuerda floja que de el otro lado me esperaba una luna hermosa capas de poder hincar mi alma ante su belleza, el camino se hacia mas delgado y su recuerdo mas grueso hasta que de pronto no hubo mas camino, pero ¿que creen? al final del camino me encontré una escalera...



Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.

¡Claro que lo sé –exclamó el viejo Qfwfq–, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio –noches claras como de día, pero con una luz color manteca– parecía que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parecía a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse allí anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las órbitas, y la inclinación de no recuerdo qué; además, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los había a cada rato, imagínense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.

¿La órbita? Elíptica, naturalmente, elíptica; por momentos se nos echaba encima, por momentos remontaba vuelo. Las mareas, cuando la Luna estaba más baja, subían que no había quien las sujetara. Eran noches de plenilunio bajo bajo y de marea alta alta y si la Luna no se mojaba en el mar era por un pelo, digamos, por pocos metros. ¿Si nunca habíamos tratado de subirnos? ¡Cómo no! Bastaba llegar justo debajo con la barca, apoyar una escalera y arriba.

El punto donde la Luna pasaba más bajo estaba en mar abierto, en los Escollos de Zinc. Ibamos en esas barquitas de remos que se usaban entonces, redondas y chatas, de corcho. Éramos varios: yo, el capitán Vhd Vhd, su mujer, mi primo el sordo y a veces la pequeña Xlthlx, que entonces tendría doce años. El agua estaba aquellas noches tranquilísima, plateada que parecía mercurio, y los peces, adentro, violetas, que no podían resistir a la atracción de la Luna y salían todos a la superficie, y también pulpos y medusas de color azafrán. Había siempre un vuelo de animalitos menudos –pequeños cangrejos, calamares y también algas livianas y diáfanas y plantitas de coral– que se despegaban del mar y terminaban en la Luna, colgando de aquel techo calcáreo, o se quedaban allí en mitad del aire, en un enjambre fosforescente que ahuyentábamos agitando hojas de banano.

Nuestro trabajo era así: en la barca llevábamos una escalera; uno la sostenía, otro subía y otro le daba a los remos hasta llegar debajo de la Luna; por eso teníamos que ser tantos (sólo he nombrado a los principales). El que estaba en la cima de la escalera, cuando la barca se acercaba a la Luna gritaba espantado: "¡Alto! ¡Alto! ¡Me voy a pegar un cabezazo!" Era la impresión que daba viéndola encima tan inmensa, tan erizada de espinas filosas y bordes mellados y dentados. Ahora quizá sea distinto, pero entonces la Luna, o mejor dicho el fondo, el vientre de la Luna, en fin, la parte que pasaba más arrimada a la Tierra hasta casi rozarla, estaba cubierta de una costra de escamas puntiagudas. Al vientre de un pez se parecía y también el olor, por lo que recuerdo, era si no exactamente de pescado, apenas más leve, como de salmón ahumado.

...

... Ahora me preguntarán ustedes qué diablos íbamos a hacer en la Luna, y les explico. Ibamos a recoger leche, con una gran cuchara y un balde. La leche lunar era muy densa, como una especie de requesón. Se formaba en los intersticios entre escama y escama por la fermentación de diversos cuerpos y sustancias de origen terrestre, procedentes de los prados y montes y lagunas que el satélite sobrevolaba. Se componía esencialmente de: jugos vegetales, renacuajos, asfalto, lentejas, miel de abejas, cristales de almidón, huevos de esturión, mohos, pollitos, sustancias gelatinosas, gusanos, resinas, pimienta, sales minerales, material de combustión. Bastaba meter la cuchara debajo de las escamas que cubrían el suelo costroso de la Luna para retirarla llena de aquel precioso lodo.


viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Cuando? Otro fin del mundo antes del fin del mundo.

...amanecí pensando en aquella noticia que había escuchado antes de dormir, el mundo acabara a las 11:00 AM del día 11 del mes 11 del año 2011, un sentimiento de nostalgia se apodero de mi, que tal si aquellos matemáticos que aludiendo al significado del 11111111 en binario significaba el comienzo del fin del mundo, que tal si alguien de esos que siempre son tomados por locos este día acertara y realmente hoy a las 11:11 el mundo terminara, no puede ser que hoy sea el fin del mundo aun tengo muchas cosas que hacer, pero ¿Por qué tengo tantas cosas que hacer? Eso no debería de estar bien uno siempre debería de estar listo para el fin del mundo y no tener tantas cosas para hacer, pero he dejado muchas cosas para después, tantas que algunas ya hasta las he olvidado, recuerdo cuando tenía siete años prometí declararle mi amor a aquella niña que tanto me gustaba, pero no lo hice y ella se fue y nunca la volví a ver, recuerdo también haber prometido que algún día viajaría por el mundo sin dejar nada atrás pero nunca tuve tiempo para ello, o la ves que prometí un fin de año que haría algo bueno por el mundo, pero lo más bueno que pude hacer no fue ni tan bueno para mí, aun tengo que pasar por la ropa a la lavandería realmente tenía que pasar por ella desde el lunes, aun tengo que darle mis condolencias a ese amigo que perdió a su papa hace un año, aun tengo que hacer ejercicio como lo prometí el viernes de cada semana, aun tengo que sacar al perro a pasear, lleva seis meses en el patio de atrás, ¿estará aburrido? Aun tengo que hacer una llamada a mis padres estarán bien, ¿Cómo les habrá ido con el huracán?, y que pasaría con las cataratas de mi abuelita, con la nueva hija de mi primo, con mi tía que enviudo hace poco, ¿mi sobrina ya habrá aprendido a hablar? cuando saldré a brincar en la lluvia, o volveré a andar en bicicleta creyendo que los caminos son infinitos, ¿cuando me daré tiempo para creer en el amor?, ¿cuando le diré a ella que la amo?, ¿Cuándo le diré a mis hermanos cuanto los quiero? ¿Cuando le pediré perdón a mi amigo?, ¿cuándo terminare de leer aquel libro que empecé hace dos años?, ¿cuándo terminare de escribir la novela que siempre soñé?, ¿cuándo llorare lo suficiente y reiré lo necesario?, ¿Cuándo viviré más de lo que trabajo? ¿Cuándo seré doctor si soy ingeniero? ¿Cuándo sembrare un árbol para verlo crecer? ¿Cuándo tendré un elefante que se llame firulais? ¿Cuándo me aventare del Bunge? ¿Cuándo escalare una montaña? ¿Cuándo descubriré lo que hay debajo de mi cama? ¿Cuándo construiré un iglú en mi patio? ¿Cuándo tendré patio? ¿Cuándo conversare con un indigente? ¿Mis ahorros servirán de algo en el fin del mundo? ¿Cuándo ahorrare? ¿Cuándo hare todo esto que aun tengo por hacer? De pronto voltee hacia el despertador y no podía creer lo que estaba viendo, eran las 12:16 minutos de la tarde del día 11 del mes 11 del año 2011 otra vez me he despertado tarde…




"Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre latia en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbolico en que aparecía grabado el número 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedo rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.
(...)
Se vio en los ojos de ella, suspendido en dos brillantes gotas de agua, oscuro y diminuto, pero con mucho detalle; las líneas alrededor de su boca, todo en su sitio, como si los ojos de la muchacha fuesen dos milagrosos pedacitos de ámbar violeta que pudiesen capturarle y conservarle intacto. El rostro de la joven, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal de leche con una luz suave y constante en su interior. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿Qué? Sino la agradable, extraña y parpadeante luz de una vela."

Fragmento "Farenheit 451",
Ray Bradbury

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Que pasara?

...¿Que pasara? cuando de pronto un silencio te encuentre  en la oscuridad de una habitación con una soledad incompleta, cuando el cuerpo cotidiano se convierta en extraño, que pasara por tu cabeza cuando la luna no sea suficiente para llenar tu alma, de que forma latirá tu corazón cuando en un suspiro empiecen a flotar los recuerdos, cuando tu piel haga memoria, cuando tus sentidos dejen escapar los sentimientos, que pasara cuando no haya mas espacio en tu pecho para el amor reprimido, y cuando tu cabeza ya no te crea y el olvido se canse de mentir, que pasara cuando un día cualquiera en un atardecer cualquiera la melancolía te inunde y tus ojos se desborden, que pasara aquellas noches en que los sueños te traicionen y las madrugadas tarden en venir, que pasara cuando tus manos se sientan solas, cuando el otoño se haga eterno, y el verano un poco infierno, cuando al cielo estrellado le falte una estrella, cuando la luz se apague sin nosotros, y se vayan borrando nuestros rostros, cuando ya solo sea una silueta, un nudo en la garganta, un dolor en el corazón, un recuerdo sin pasado, cuando nuestras voces se convierten en un eco viejo y triste, y nuestro aliento en la neblina que una mañana se extinguio y nuestros besos en la ultima silaba de un adios, ¿como sera el mundo sin los dos?



Cuando no estes


Cuando no estés, si es que no estás un día,

mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

oirás mi voz en un rumor que pasa.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

clamaré por tu gracia en toda gracia.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

moverá mi perfil la luna fría

en las cortinas que hay en tu ventana.



Cuando no estés, si es que no estás un día

sólo oiré en las palabras tu palabra.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

verás mi sombra entre la sombra fría

junto a la cabecera de tu cama.



Cuando no estés, si es que no estás un día

en cada verso mío habrá una lágrima.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

me sentirás bajo la tarde fría

llegar a ti en el son de las campanas.



Cuando no estés, si es que nos estás un día,

te buscaré en la tierra, el aire, el agua.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

oirás mi paso entre la sombra fría

siguiéndote los pasos por la casa.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

te inventaré en el humo y en la llama.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

sorprenderá la madrugada fría

mi mano en tu cabeza despeinada.



Cuando no estés, si es que no estás un día,

te invocará en el sueño mi esperanza.

Cuando no esté, si es que no estoy un día,

en tu sueño entraré en la noche fría

cuando el sueño te cubra con sus aguas.

Cuando no estes.
Córdoba Iturburu

viernes, 4 de noviembre de 2011

El anhelo y el deseo

...el ahora se vuelve ayer, los minutos crecen en horas, las palabras pueden convertirse en poemas, los pensamientos en recuerdos, los besos en suspiros, los abrazos en anhelos, el amor en deseo, el ayer ya no es ahora, el ahora anhela recuerdos, los recuerdos una vez fueron memorias, las memorias dejaron de ser anhelos, los anhelos escriben poemas, los poemas describen el pensamiento, el pensamiento causa suspiros, los suspiros vienen con el deseo, el deseo de tus besos y tus besos ahora son memorias, del recuerdo de un ayer, cuando los minutos se convertían en horas, las palabras en suspiros, los pensamientos en poemas, poemas llenos de anhelos, tus anhelos mi deseo y deseo tu amor…



Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación.

He aquí la prueba:

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo



El silencio de las sirenas

Franz Kafka, Praga, 1883 - Kierling, Austria, 1924


viernes, 28 de octubre de 2011

Mientras dormia

...un ausente callado presente, se encontró con un triste silencio pasado, a luz de una horilla vacía, una izquierda sin ti a mi costado, y apague la luz para no ver tu ausencia, y encendí el dolor para la auto complacencia, coloque mis ojos en el techo, arroje mi cuerpo al hastió de un sueño, aparque las manos en mi pecho, y repase las cosas que no tienen dueño, mientras contemplaba un recuerdo suicida que recitaba el fin de una poesía en las que las letras ya no se escribían, camine las sendas de otro mundo, suspire las memorias que surgían de una nada llena de todo, de todo lo que ya no existía y el silencio se volvió melodía, y los recuerdos flores marchitas, y tu ausencia una fuente llena de hojas secas, y yo un árbol que de pie moría, mas desperte sin despedida, sin adios, sin ti y sin mi vida...




Ahora sólo me queda buscarme de amante
la respiración.
No mirar a los mapas, seguir en mí mismo,
no andar ciertas calles,
olvidar que fue mío una vez cierto libro.
O hacer la canción.
Y decirte que todo esta igual:
la ciudad, los amigos y el mar,
esperando por ti,
esperando por ti.

Sigo yendo a Teté semana por semana
¿te acuerdas de allá?
Hoy habló de fusiles despidiendo muertos.
Yo sé que ella me ama,
es por eso tal vez que te siento en su sala,
aunque ahora no estás.
Y se siente en la conversación,
o será que tengo la impresión,
de la ausencia y de ti,
de la ausencia y de ti.

No quisiera un fracaso en el sabio delito
que es recordar.
Ni en el inevitable defecto que es
la nostalgia de cosas
pequeñas y tontas como en el tumulto
pisarte los pies.
Y reír y reír y reír,
madrugadas sin ir a dormir,
sí, es distinto sin ti.
Muy distinto sin ti.

Las ideas son balas hoy día y no puedo
usar flores por ti.
Hoy quisiera ser viejo y muy sabio y poderte
decir lo que aquí no he podido decirte,
hablar como un árbol
con mi sombra hacia ti.
Como un libro salvado del mar,
como un muerto que aprende a besar,
para ti, para ti,
para ti, para ti.

De la ausencia y de ti.
Silvio Rodriguez

jueves, 20 de octubre de 2011

¿Porque lloran las ranas?

...mama, mama ¿porque lloran las ranas? - insistía Pedrito en su pregunta mientras jalaba la falda de su mama.

-Lloran porque va a llover.

-¿No les gusta la lluvia?

-No.

-¿Porque?

-porque no les gusta extrañar.

-¿extrañar a quien?

-A la lluvia

-¿Pero porque la van a extrañar si va a llover?

-Porque no quieren que se vaya.

-Que complicadas son las ranas. -pensó Pedrito.



Paso que pasa
rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
despues y solo
solo y después
seguro que me olvido


Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
te quiero
te quiero sólo dos
o tres minutos
para conocerte más
no tengo tiempo.


Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

Ella que pasa
Mario Benedetti
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